Temblor y falsificación

Siempre lo mismo: un contable resentido, una ex cónyuge que ha dejado de recibir la pensión, un ex tesorero que guarda apuntes contables manuscritos. No es una particularidad nacional, ojo. En las películas sobre la mafia la desaparición del libro del contable que ha caído en manos inadecuadas es un clásico.

Hasta ahora, el lío de UGT venía cantando por los dormitorios de los arrabales. Hoy, el testimonio de un antiguo secretario comarcal de Alicante abre una nueva etapa con palabras muy solemnes sobre el asunto: «Yo me autoinculpo y digo cómo se hacían las cosas». En sus orígenes no hay nada sustancialmente diferente a lo del contable chileno que inauguró el tema en nuestra era. El ex secretario, despedido de UGT hace ocho años, trató de denunciar al sindicato-padrone, sin que los tribunales ni la Agencia Tributaria hicieran acuse de recibo. Desde entonces ha corrido mucha agua bajo el puente y está la autoinculpación.

Y se explica: aunque no se quedaran a comer después de los cursos, «como había que justificar una serie de gastos, cuando iba a un restaurante, pedía una nota por 30 o 40 menús, cuando estaba comiendo yo solo». El dueño debía de ser de mucha confianza y tener él mismo mucha fe en que no iba a pagar el IVA.

En el fondo de todo está la falsificación. Hace ya bastantes años se podía uno maliciar que los sindicatos habían adulterado su tarea, sustituyendo la causa de los trabajadores en general por una misión más concreta y orientada a la defensa de las burocracias sindicales y de los trabajadores con empleo fijo. Normal. Después de todo, UGT, por hablar de lo que se conoce, es hoy un holding con 81 empresas. No es que sea gran capitalismo, 100 millones anuales de facturación, pero es un asunto de gran interés, porque nos ha permitido descubrir un nuevo agente para la teoría económica. La economía neoclásica tenía la figura imaginaria del subastador y sus vectores de precios para explicar el equilibrio walrasiano. Hoy es más relevante el papel del sindicalista que presenta papeles falsos.

¿Que alguna de las empresas del holding necesita adelgazamiento? No hay por qué gastar más de lo necesario: se simulan pérdidas mediante un balance falsificado y se despide con los 20 días por año de la reforma laboral contra la que hemos hecho dos huelgas generales. Hay beneficios para el mercado, claro, ahí tienen la falsificación de los maletines de Salvador Bachiller, un regalo para la empresa, que ha sido tocada por la varita mágica del sindicato: desde la falsificación de su modelo por UGT no paran de llegarle pedidos. La falsificación tiene su prestigio. No hay más que ver a Del Bosque, alineando a un falso nueve, teniendo en la selección nueves auténticos, no digo más. El temblor de la falsificación tituló Patricia Highsmith una de sus mejores novelas. El temblor es el de España. Y esta vez me temo que ni siquiera vamos a llegar a la final.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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