Aires de Montserrat

Estábamos todos muy entretenidos con el simposio, cuando compareció ante los medios el cuarteto de Mas y sus músicos de Bremen, a cantar pregunta y fecha. Ha sido un acierto, porque ha servido para que los no partidarios hayan corregido el desvío y vuelto a afinar la puntería.

Un suponer, Alicia Sánchez-Camacho, que recuerda mucho al tierno Charlie Brown, toda la neurosis del mundo adulto en su tierno cabezón: «Hoy he tomado 600 decisiones y todas mal». En honor a la verdad, las iniciativas erradas de Alicia no son tantas: la retirada de la querella por las escuchas y las dos iniciativas contra un simposio cuyo sitio natural era la tele, en el Cuarto Milenio de Iker Jiménez: la denuncia del evento a la Fiscalía y la propuesta de un simposio guay, el foro de la verdad, que a ver con qué argumentos convence a Mas y sus intelectuales alternativos de que Fusi es un historiador más fiable que el terminal Fontana.

La denuncia a los organizadores por incitar al odio no es viable. Ningún juez condenaría al perillán Sobrequés por organizar un seminario con historiadores ad hoc. La cosa tiene disculpa mientras los denunciantes son C’s y UPyD, nueve escaños en el Parlament y cinco en el Congreso, pero que lo plantee el partido que tiene mayoría absoluta en las dos Cámaras es un despelote. Sería mejor aguardar al momento procesal, el acto reglado de Mas con su delito, y ahí cumplir aquella advertencia de Rubalcaba en 2010: «Quien echa un pulso al Estado, pierde». En mi opinión tiene validez universal, no hay por qué acotarlo sólo a los controladores aéreos. Esto no se puede resolver en empate y menos aún que el Estado parezca el aspirante a las tablas.

Y ahí, todo el Estado: el TC anula la convocatoria, el presidente llama a Mas para leerle el artículo 155 de la CE (que no dice nada de tanques en la Diagonal) y comunicarle que si continúa incumpliendo sus deberes como representante ordinario del Estado, éste le va a dar con lo gordo de la minipímer, amén de instar a la Fiscalía a iniciar trámites contra él. Como hizo la República con Companys.

Pero un simposio de historiadores, por descabellado que sea, no merece quema de energías. Especialmente si tienes en el Gobierno al hombre que lo paga todo, el simposio, la consulta, mediante periódicas transferencias del FLA Montoro debería decir a Mas-Colell lo que las señoras piadosas de mi pueblo a un mendigo borrachín que pedía limosna: «No, Matías, que te lo gastas en vino». Ah, y que el Barça vaya pidiendo sitio en la liga francesa, que ya tiene la excepción del Mónaco.

Hasta que Mas incurra, estamos ante un desafío político y política ha de ser la respuesta. Eso supone que el presidente deberá poner algún empeño en el asunto, no solo confiar en que la Unión explique a los soberanistas que quedarían fuera. ¿Por qué vamos a esperar de la Unión esfuerzos que no hace el Gobierno de España?

Estábamos con el simposio y nos sorprendieron con la pregunta. Bueno, al menos, ya digo, ha servido para que se centren las respuestas. Mañana más.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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