Real discurso

Los discursos del Rey en Nochebuena son clásicos navideños como la Lotería, la Misa del Gallo o las uvas de Nochevieja. Debo confesarme un adepto, al menos por comparación con la Misa del Gallo. A los datos me remito: no me he perdido ninguno de los 38 que Don Juan Carlos lleva pronunciados hasta la fecha, que son el metrónomo navideño de mi casa: al conectarse la televisión con La Zarzuela, es hora de tomar la primera copa de champaña y prepararse para lo que venga.

El discurso real era en las Nochebuenas vascas un clásico in absentia, un hecho diferencial. Euskal Telebista no lo transmite nunca, salvo cuando Euskadi está gobernado por manos impías. La legislatura anterior, un suponer.

Es un caso de añoranza. Los androides sueñan con ovejas eléctricas y los nacionalistas con los usos del Antiguo Régimen. Siempre quisieron un Rey absoluto al que hacer trotar por las cuatro iglesias juraderas para reconocerlo a su vez como Señor de Vizcaya. El Pacto con la Corona. Creíamos haberlo logrado con Urdangarin, hijo de una excelente familia alavesa y del partido, pena que nos saliera rana.

Este año, la televisión pública catalana sigue la pauta de la vasca y para no emitir, se ha declarado en huelga en el horario estricto del mensaje real, después de haberlo programado las 37 entregas anteriores “como si fuera una televisión española”, por decirlo con palabras del portentoso moderador Cuní durante el interrogatorio de los periodistas catalanes a Albert Rivera.

Lo más notable de ETB es que su informativo de Navidad abre sistemáticamente con las reacciones de los partidos vascos al discurso que vieron en “esa televisión española”, porque la vasca no se lo ofreció la víspera.

Con todo, el discurso estuvo bien. Se refirió a los problemas clásicos: la crisis y sus víctimas sociales, la unidad y la convivencia, las víctimas del terrorismo y una cierta esperanza de futuro. También suavemente a la corrupción: “La salud moral de una sociedad se define por el nivel del comportamiento ético de cada uno de sus ciudadanos, empezando por sus dirigentes, ya que todos somos corresponsables del devenir colectivo”.

Lo llamativo no es tanto la letra del discurso como el contraste con los hechos: cuando empieza el Telediario, se apagan las luces de los platós y se encienden las del comedor. ¿Qué conversación tendrán el jefe del Estado y su yerno? Uno comprende la espantada del Príncipe. En una cena de Nochebuena un yerno siempre es menos engorroso que un cuñado. La Familia Real, que no ha tenido suerte con el calificativo morganático, ni siquiera ha tenido la precaución de mantener a Marichalar en la reserva para hacer de doble de luces.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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