Els Sesgadors

El nacionalismo tiene un problema en su relación con los ausentes. Lo decía Quevedo en memorable soneto: «Vivo en conversación con los difuntos/ y escucho con mis ojos a los muertos». Él se refería a esos «pocos, pero doctos libros juntos», pero el fuerte de los separatistas no son las metáforas, ellos son de tradición oral y se lo toman todo al pie de la letra.

En Navidad se cumplían 80 años de la muerte de Macià y lo más vivo del catalanismo fue a darle palique a sus despojos, ignorantes tal vez de que no podía responderles. Mas pidió sobre su tumba la libertad para Catalunya, y ya puesto, explicó al difunto que la libertad prevalece sobre las leyes, como afirma el Tribunal de La Haya, esas voces que tiene en su cabeza la biógrafa Rahola. El número dos del partido, Josep Rull, también explicó al yacente que Convergència «es la hoz que segará las cadenas cuando convenga».

Vayamos por partes. Las cadenas no se siegan, se rompen, y para ese menester es mejor herramienta la cizalla que la hoz. ¿Cuando convenga? ¿El heroísmo sometido a conveniencia? La clase política de ahora es así si así conviene. ¿Se imaginan a Mas con un intelectual como número dos? Éste, por otra parte, no es un hecho diferencial catalán. Zapatero tuvo un hallazgo durante su prédica a Tomás y Valiente en el 10º aniversario de su asesinato: «El terror ha sesgado muchas vidas, pero no podemos sesgar la esperanza».

Ese era el estilo inconfundible de la bella e indocumentada María, amante de Sherman McCoy en La hoguera de las vanidades. Tras atropellar a un negro y dejarlo en coma, es abandonada por el amo del Universo, culpable del atropello a los ojos del mundo. Mientras se aleja, ella le lanza una última maldición: «¡Ojalá te cuelguen en la silla eléctrica!».

Macià, al igual que Sabino Arana, no pudo descansar del todo. Sus fieles, encabezados por su yerno, Tarradellas, decidieron guardar sus restos de una posible profanación, al igual que hicieron los peneuvistas con los de Sabino, que pasaron 51 años en una caja de cinc en la tumba de los Taramona en el cementerio de Zalla. Lo de Macià fue aún más curioso, porque después de su muerte le fue extraído el corazón y guardado en una urna con formol, en la que hizo compañía a Tarradellas durante sus cuatro décadas de exilio. Es de suponer que su yerno le hablaba, como Rull a la tumba de Francesc Macià, como Warren Oates a la cabeza de Alfredo García en la película de Sam Peckinpah. Digo yo que escogieron el corazón porque es la víscera en la que residenciamos el valor, y Macià era un militar, no un hombre de letras, que en tal caso le habrían extirpado el cerebro.

Vuelto Tarradellas, quiso dejar el corazón junto al resto de los restos y se encontraron con que los despojos estaban completos, con su corazón en una urna y todo. ¿De quién era el corazón que tanta compañía hizo a Tarradellas tantos años? ¿De quién es la cabeza de Maurici Lucena que diseña esas vistosas propuestas al PSC? De cualquier Alfredo García, vayan ustedes a saber.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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