No nos roban, era broma

El Consejo Asesor para la Transición Nacional se ha puesto a asesorar, que es lo suyo, y ha concluido que lo mejor que pueden hacer con los españoles es derrotarlos a besos.
Ellos piden libertad «sin ninguna hostilidad respecto al Estado español» y se temen que expresiones del tipo Espanya ens roba son doblemente inconvenientes. Los independentistas podríamos parecer insolidarios a los ojos de la UE: ¡los impuestos para quien los evade! Esto viene a ser así, ya explicó Boadella el principio universal de que cuando alguien pide rancho aparte es para comer más que los demás.
Por otra parte, los españoles, gente suspicaz, podrían ofenderse, aunque si nos oyeran sin prejuicios, verían que es una declaración de amor: yo la llamé puta y ella me llamó cabrón. Así, hablando, hablando, congeniamos.
Tampoco es cierto que los separatistas catalanes no queramos ser españoles, como les pasaba a los vascos, al decir de Juaristi: lo que queremos es ser españoles de primera. Queremos que el Barça siga en la Liga española, por ejemplo. A ver cuántos jugadores culés no quieren ser llamados por Del Bosque. Hay un handicap: la selección catalana que hoy juega con Cabo Verde, es como el Barcelona, pero sin Messi, Neymar, Pedrito, Iniesta, Alexis, Alves, Adriano, Mascherano, ni Pinto. No diré más.
Está el IVA del cava, esa deliciosa confusión entre quién paga el impuesto, que es usted, un christmas victim, y dónde se recauda, o sea, Cataluña y otras comunidades productoras (Valencia, Murcia, La Rioja, etcétera) Esto les lleva a la infundada conclusión de que los ciudadanos catalanes pagan más de lo que reciben.
En lo que toca a los impuestos directos ignoran un hecho fundamental: que los contribuyentes son los ciudadanos, no los territorios, matiz que debería plantearse antes de meterse en cálculos de balanzas, incluso para defender el criterio de ordinalidad. No son las comunidades autónomas las que pagan.
Si usted gana, pongamos 50.000 euros al año, podría sufrir el síndrome de Cataluña: seguramente pagará más en impuestos de lo que recibe en gasto social, mientras conocerá a alguien en paro que percibe el subsidio de desempleo y a ancianos jubilados cuyas enfermedades crónicas cuestan un pico en gasto sanitario y farmacéutico. Pero no es adecuado que un honesto extremeño de centeno o un gallego de lluvia y calma se pongan a gritar desaforadamente: ¡España nos roba!
A eso se le llama Estado del Bienestar, y descansa en el principio de solidaridad que sostiene toda política fiscal moderna.A la doble pregunta del referéndum le falta una tercera: ¿Quiere que Cataluña sea un Estado? ¿Quiere que ese Estado sea independiente? Y en caso de haber respondido afirmativamente a las dos primeras: ¿Quiere que sea un Estado del Bienestar?

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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