Sensación térmica

En días como éstos, uno entiende muy bien cuál es la función de las ciencias sociales, cumplen la misma función social que el periodismo, según la definición de G. K. Chesterton: «El arte de llenar columnas impresas al dorso de los anuncios». Aquello debía de ser la edad de oro del periodismo, cuando los anuncios en los periódicos no eran la excepción, sino la norma.
De la sociología, ¿qué quieren que les diga? Que comparte alguna característica con el ajedrez: banal como ciencia y algo aburrida si se toma como entretenimiento. ¿Y qué decir de la economía? Los economistas se encargan de explicar mañana por qué las predicciones que formularon ayer no se han cumplido hoy. Sala i Martín opinaba que era un chiste no muy gracioso. Hombre, sus cálculos sobre las ventajas económicas de la independencia para Cataluña sí tienen más gracia, aunque me temo que menos fundamento. Por otra parte, vayan a los hechos: si la economía fuera una ciencia, los economistas serían los ricos, en lugar de ser los empleados de los ricos.
Llegados a este punto, ¿qué quieren que les diga sobre las encuestas acerca de la situación económica? El 64,3% piensa que en 2013 ha empeorado y, yendo a lo particular, sólo el 3,7% cree que han aumentado sus ingresos en el año. El 75% considera que las decisiones económicas de Rajoy no dan resultado y un porcentaje casi igual (el 71,1%) no cree que la recuperación económica y la salida de la crisis se vaya a producir en 2014, tal como insisten una y otra vez el presidente del Gobierno y su ministro Montoro, que es el de todos nosotros, sino más tarde, en 2015 o después.
¿Están en condiciones ciudadanos normales, que sólo son los pacientes micro de la crisis, de llevarle la contraria al ministro de Hacienda, que es un señor con visión macro, o sea, de conjunto? Uno, por ejemplo, y perdonen la manera de señalar, no está de acuerdo con esa mayoría que opina que las medidas económicas de Rajoy están equivocadas. Por otra parte, el vulgo yerra mucho, aunque en ocasiones acierte más que sus jefes. Vaya como ejemplo que dos tercios de los ciudadanos son más partidarios de bajar los impuestos que de aumentar el gasto público, justo al contrario que sus dirigentes políticos. Y esto se cumple hasta entre los votantes de Cayo Lara, excuso decirles entre los de Rubalcaba y los de Rajoy, read my lips.
Por lo demás, ¿quién puede fiarse de las percepciones del pueblo? Piensan que hace frío y es sólo sensación térmica. Piensan que sus salarios han bajado, cuando sólo han moderado su crecimiento (Montoro, 9-10-13). ¿Y decís que os duele? ¿Vais a saber vosotros más que el médico?

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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