Ruedas de molino

La rueda de prensa celebrada en el antiguo matadero de Durango es probablemente el acontecimiento más significativo del estado de confusión al que han llegado las cosas, de un relativismo léxico que parece afectar a todo el mundo. Para empezar, a los periodistas con el nombre de la cosa: admiten que se llame rueda de prensa a un acto de propaganda política en el que dan de comulgar con ruedas de molino. Se puede decir amén, pero sin preguntas.

La segunda cuestión está en la identidad de los amontonados tras la mesa. Ex presos porque así lo quiso el TEDH, acumulaban 1.500 años de cárcel, ganados a pulso todos ellos con cientos de asesinatos. Pudieron comparecer porque así lo autorizó el juez Santiago Pedraz, a quien el dirigente popular Iñaki Oyarzabal reprochaba ayer su decisión. Extraña censura cuando el Gobierno no había excitado el celo del fiscal ni el de la Abogacía del Estado contra el acto.

El fiscal jefe del TSJ del País Vasco, consideró tras la primera excarcelación, la de Inés del Río, que no podía considerarla una terrorista o una asesina. Se supone que a todos los de la foto, en la que por cierto no está la citada, les alcanza la misma valoración por proximidad. A mí me parece otra opinión extraña. Asesinos sí lo son, varios cientos de víctimas dan fe de ello.

Terroristas, también. Todos siguen perteneciendo a la misma organización terrorista en cuyo nombre asesinaron; ninguno la ha abandonado, ha condenado sus crímenes, se ha arrepentido o ha manifestado pesar alguno por ninguno de los asesinatos cometidos por su propia mano. No ha pedido tampoco que la banda terrorista se disuelva. Y ETA sigue existiendo, sigue siendo una organización terrorista, y tener una relación de pertenencia con ella sigue siendo un ilícito penal.

Fíjense en el tipo que está en primera fila a la izquierda de la foto, calvo, con bigote y gafas. Se llama Jesús María Zabarte Arregi, El carnicero de Mondragón, tremenda polisemia. Él tenía más méritos que López Ruiz Kubati para ser portavoz, cuatro méritos más exactamente. Zabarte entró en ETA en 1967. Fue detenido y condenado, porque pertenecer a una banda terrorista era delito ya en el franquismo. Salió de la cárcel en 1977, con la amnistía. A ver si se entiende: Zabarte era un ex preso, porque así lo dispuso la Ley de Amnistía, el 15 de octubre de aquel año. Pero seguía siendo un terrorista por su militancia continuada en ETA. Entonces empezó a ser un asesino, condición que acreditó en 17 ocasiones. Ahora vuelve a ser ex preso, sigue siendo terrorista y no ha perdido la condición de asesino que lo devolvió a la cárcel, ni la perderá aunque no vuelva a matar, porque de ese estigma moral no le ha librado, ni podría hacerlo Estrasburgo.

¿Pueden reunirse cinco docenas de ex presos para una comida de hermandad? Sin duda. ¿Pueden unos terroristas en situación B protagonizar un acto político en el que reclaman «el derecho a decidir que tiene el pueblo vasco», según dijo Kubati? Más que reconocer, reivindicaba. La Fiscalía no veía delito antes de la celebración. Podría examinar cuidadosamente la soflama.

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.