Exceso de eficacia

Estábamos ayer pendientes de la localización de Goioaga para que la Guardia Civil registrara su despacho, sito en las mismas oficinas que los de Arantza Zulueta y Jon Enparantza, dos de los detenidos como responsables de la interlocución de la banda con sus activistas presos. Iñaki Goioaga realizó esa misma función hasta hace un año, cuando fue designado senador por el tercio autonómico, con el apoyo de EH Bildu. Los votos del PNV auparon a Bildarratz, y los del PSE a Tontxu Rodríguez.

Goioaga fue denunciado por el arrepentido José Miguel Latasa Getaria, compañero y cómplice de ‘Kubati’ en el asesinato de ‘Yoyes’, pero ahora, que es aforado, el juez ha considerado necesaria su presencia en el registro para evitar males mayores. Es también cosa sabida que todo este lío tiene su origen en el error del Ministerio al contar la operación con 24 minutos de adelanto. No me cebaré con el ministro, como ha hecho este periódico en el que colaboro. Tengo más bien la impresión de que ha sido movido por un exceso de eficacia. Adelantarse a los hechos caracteriza al precursor, es el riesgo del innovador. Vísteme despacio que tengo prisa es una consigna que no puede ocultar su carácter conservador.

Claro que las operaciones policiales se llevan mejor con el tiempo real de los acontecimientos que con las visiones futuristas. La detención de Kubati fue un prodigio de previsión y exactitud; nadie se la adelantó a los medios. López Ruiz fue encaminado hacia una de las mil cabinas telefónicas que se habían dejado operativas en toda Guipúzcoa, vigiladas por 1.600 guardias civiles. A las 12 del mediodía del 26 de noviembre de 1987 tenía que hacer una llamada a un miembro del comandoUribe-Kosta. Hubo más de un honrado ciudadano que se llevó un susto de muerte al entrar en una cabina a la hora señalada y ser placado por dos guardias, pero en una de Tolosa cayó el portavoz Kubati.

No todo se hizo siempre tan bien. Los Cuerpos de Seguridad habían diseñado una estrategia racional durante los años más letales del comando Madrid. Consistía en vigilar las tres docenas de kioskos de Madrid en los que se vendía Egin, en la creencia de que los miembros del comando se acercarían de vez en cuando a comprar la prensa amiga. Algún investigador debió de sentir el acicate de las prisas y se lo contó a un periodista que lo publicó en un semanario, abortando con la exclusiva aquel operativo.

Ahora, con el despacho de Goioaga precintado habrá que esperar acontecimientos, pero si Arantza Zulueta y sus compañeros detenidos forman el frente de makos, es decir, son miembros de la banda terrorista y fueron ellos mismos quienes organizaron la rueda de prensa de sus zombies en Durango, seguramente el fiscal ya tiene algún elemento de juicio sobre la ilicitud de la convocatoria. Claro que la Fiscalía parece muy ocupada en sacarse la espina por el endoso del PP y tiene como asunto prioritario investigar la filtración. El ministro Fernández debe comparecer para aclararlo, pero parece evidente que ésa es una investigación política, no penal.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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