Segundas partes

Uno de los documentos que le fueron ocupados a Arantza Zulueta, borrador para una hoja de ruta a recorrer por el Gobierno vasco y la izquierda abertzale, recuerda poderosamente el contrato de los hermanos Marx en Una noche en la ópera: «La parte contratante de la primera parte será considerada la parte contratante de la primera parte. La parte contratante de la segunda parte será considerada la parte contratante de la segunda parte».

Como los agentes son vascos, el lenguaje se ha reducido a un laconismo ejemplar: a la parte de la primera parte, que identifica al Gobierno vasco, se le llama sencillamente A. Su sagacidad, ya habrá conseguido adivinar que la parte de la segunda parte, también considerada el interlocutor Sortu, será identificada como B. Los primeros desarrollarán las ocurrencias de la Secretaría general de Paz y Convivencia que gestiona con sus reconocidas dotes de logorrea e insistencialismo, concepto de acuñación propia, el gran Jonan Fernández. De los segundos se espera que consigan finalmente una declaración de desarme de ETA.

La primera parte tenía que aportar al proceso el Plan de Paz y Convivencia elaborado por la Secretaría de lo mismo. Además, seguirá atendiendo el Foro Social, organizado por Lokarri, chiringuito refundado por Paul Ríos a partir de Elkarri, que fue el chiringuito creado por Jonan Fernández a mediados de los años noventa para aplicar a la ingeniería de la paz los fundamentos que él mismo había aplicado a la ingeniería de caminos en el primer chiringuito que fundó para definir un trazado alternativo a la autovía de Leizarán y que bautizó como Lurraldea. También aporta su reconocida capacidad de interlocución con Madrid para acordar un plan de trabajo sobre política penitenciaria, con el diseño de una estrategia inteligente (el calificativo es suyo).

El Plan de Paz y Convivencia tenía que haber sido aprobado en noviembre. La izquierda abertzale tendría que haber reconocido el daño injusto provocado por ETA. Eso es lo que vagamente representaron el mes pasado los presos de ETA, aunque sus ojos sólo tenían lágrimas para albergar su propia pena; y su acción, sólo un objetivo: que los presos pudieran volver a sus casas, aunque no a cualquier precio. Su aceptación del procedimiento tenía un límite: «Que no menoscabe su dignidad política». La parte contratante A ya ha olvidado que el año pasado ya fue segunda parte contratante con el PSE de primera parte y el PP de tercera en la aceptación del suelo ético en la pasada legislatura.

En esta, ya convertida en la parte A que representa Groucho, ha empezado a recortar las cláusulas que a Chico Marx, la parte B, le parecen innecesarias, empezando por la del suelo ético. La parte A aún no se ha enterado de que nunca segundas partes fueron buenas.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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