Hoja de ruta

El truco de Edgar Allan Poe de exponer la carta robada en el lugar más aparente de la casa, el despacho del senador Goioaga, está bien como invento literario, pero ha sido muy sobrevalorado desde el punto de vista estratégico. Prueba de ello es que la Guardia Civil ha conseguido hacerse con un material de interés, que no son cartas, sino hojas de ruta.

Uno comprende que hoja de ruta es un sintagma muy atractivo, sonoro y muy adecuado para ripios de manifestantes. Sin embargo, quizá por sus orígenes marinos, uno es más partidario de la voz náutica derrota. Claro que la palabra tiene su polisemia y, tal vez por eso, se pone tanto empeño en rehuirla.

Algunos portavoces del Gobierno vasco han negado que hubieran obtenido respuesta a su hoja de ruta, aunque la parte contratante de la segunda parte, o sea, la izquierda abertzale, sí ha respondido para situar el punto de arranque del proceso en el preciso lugar donde ha encallado el portentoso viaje de Artur Mas. «El conflicto es la falta de reconocimiento de la ciudadanía vasca como sujeto para el derecho a decidir». El derecho a decidir no es más que un eufemismo para referirse al sujeto de la soberanía, que, según la Constitución, no es otro que el pueblo español.

El hecho de que la izquierda abertzale defina como objetivo que «ETA deje de ser un agente con armas» indica que hay algunos problemas semánticos que los terroristas y sus afines aún no han definido bien. El entrecomillado es la negación de lo que la mayoría de los ciudadanos vascos considera el objetivo: la disolución de ETA. La cuestión de las armas va asociada a la disolución. Pueden entregarlas antes o después, pero la banda terrorista no tiene función alguna después de su abandono «definitivo» de la violencia.

Lo demás es más de lo mismo: las «diferentes expresiones de violencia», repiten, poniendo en pie de igualdad la actividad de los terroristas y la actuación represiva del Estado. Hombre, si se toman ustedes la molestia de volver a la foto de los 63 de Durango, que aquellos tipos no tenían cara de haber leído a Max Weber y su definición del Estado y el monopolio jurídico de la violencia física legítima, pero en el Gobierno sí hay gente con estudios de Derecho, es un matiz.

Hay en todo el trazado de la derrota algunas constantes abertzales, desde la justicia transicional a la legislación ad hoc y la adecuación de las FSE en 10 años, como contrapartida al desarme. Da la impresión de que la izquierda abertzale quiere envolver esto en la consecución de la Alternativa KAS, tantos años después. Lo malo para Urkullu es que tenía definido un timing muy preciso, esperando a ver qué pasaba en Escocia y Cataluña y cómo se iba resolviendo lo suyo con Sortu. El PNV siempre ha aspirado a que el final de ETA rindiera un último servicio a sus aspiraciones. Aunque ahora ya tienen elementos de juicio para saber: a) que no están por la labor; y b) que van a por ellos.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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