Aleix se marcha

Aleix Vidal-Quadras ha dado un paso que él debía de tener largamente meditado y que el público esperaba desde hacía algún tiempo: su abandono del PP para aterrizar en el blando colchón de plumas que le tenían preparado desde dos meses antes José Antonio Ortega Lara y Santiago Abascal y que ha sido inscrito en el Registro de Partidos Políticos con el nombre de Vox. Vidal-Quadras ha renunciado a toda tentación sentimental en su mensaje de despedida al presidente de su partido para explicar a palo seco sus desavenencias conceptuales.
Él había sido el pagano del Majestic, aquel acuerdo con nombre de olla exprés que permitió la primera investidura de Aznar en 1996. Jordi Pujol, extravagante mezcla de Herodías y Salomé, puso su condición al tetrarca Aznar: la cabeza de Vidal Bautista en una bandeja de plata. Aquella decisión debió de entristecer a Aznar, que había apoyado en 1990 la gestora encabezada por Vidal-Quadras frente al actual ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. La política tiene estas cosas y el camino de los grandes hombres está empedrado en no pocas ocasiones de grandes sacrificios. Humanos, se entiende. Vidal-Quadras fue obligado a renunciar después de haber llevado al PP desde los seis escaños a los 17 en el Parlamento de Cataluña.
Seguramente, el efecto práctico más inmediato de la marcha de Vidal-Quadras sea garantizar a Mayor su continuidad como cabeza de lista del PP para las europeas. Una mancha con otra mancha se quita, deberían pensar en Génova y, en todo caso, ya estamos hechos a ver el Parlamento europeo como cementerio de elefantes.
La historia de Jaime Mayor en el PP vasco tiene cierto paralelismo en resultados con la ejecutoria de Vidal-Quadras en el PP catalán. En 1990 se hizo cargo de la gestora que aquel año obtuvo seis escaños; en 1994 obtuvieron 11; en el 98 subieron a 16 y en 2001 a 19. Nunca ha tenido el PP vasco una representación parecida. En 1995, tras el asesinato de Gregorio Ordóñez, fue él quien encabezó la lista del PP, que aquel año fue el partido más votado en San Sebastián, con el 23,71%.
Rajoy ha tenido mala suerte. Precisamente este fin de semana, después de haber hecho la que seguramente es su mejor intervención, ha venido Vidal-Quadras a descuadrarle el panorama con una parábola agropecuaria y una paradoja que cala mucho en su público votante: «Hasta el presidente de honor se pregunta por qué Ortega Lara no está en el PP y Bolinaga está en la calle».
Es prematuro apostar por el éxito de Vox, pero lo que más debe temer el PP no es su capacidad de arrastre de voto, sino su capacidad de desgaste en el terreno de la legitimidad.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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