En campaña

La Convención de Valladolid se clausuró con éxito razonable para el partido convocante. Se trataba, en última instancia, de la salida en la campaña para las europeas y no fue un mal punto de partida, aunque los dos objetivos invocados fueron la expresión de sus carencias.

No pienses en un elefante, recomendó Lakoff a los progresistas, recordando que cuando Nixon decía «no soy un chorizo» reforzaba su imagen de embutido en sus oyentes. Todo el mundo es progresista, lo explicó Hayek en la dedicatoria del más famoso de sus libros: «A los socialistas de todos los partidos».

La unidad y las víctimas no eran dos problemas, sino uno, porque la escisión cuya amenaza electoral han interiorizado exageradamente tiene relación directa con la división que atraviesan las víctimas. Ortega Lara es una víctima muy cualificada, como lo era Gregorio Ordóñez. Las críticas del secuestrado más tiempo por ETA y la hermana del hombre que convirtió al PP en alternativa en San Sebastián son un problema. No importa cuánta razón tienen las víctimas: tienen razones.

El objetivo, ya digo, era doble: mostrar la unidad del partido y demostrar que las víctimas están con el PP y que el PP está con sus víctimas. «Todos estamos de acuerdo con quienes han sufrido el terror», dijo el presidente en el discurso de clausura. Doble error: por una parte conceptual; por otra, descriptivo. Las víctimas merecen empatía y respeto, no que se les dé la razón; pueden no tenerla. Además, sólo parecen estar de acuerdo con las propias. Consuelo Ordóñez va a Polloe «con billete de vuelta para Madrid», dijo Quiroga, estrella de la Convención, sin empatía y sin acierto: no volvía a Madrid, sino a Valencia, adonde tuvo que marchar tras agresiones físicas, pintadas y cócteles contra su casa y el boicot a su despacho de procuradora en Tolosa, que cerró por falta de clientes.

Rajoy cerró con anuncio fiscal: bajar los impuestos en 2015, año electoral. El Gobierno empezó a incumplir su promesa de no subir impuestos a la semana de la investidura (IRPF, el 30 de diciembre de 2011). En lo que lleva de legislatura ha subido 30 impuestos y creado 12 nuevas figuras tributarias. Anunciadas como temporales para 2012 y 2013, se van a mantener en 2014. Uno habría deseado menos subidas en este tiempo y más meter mano a ese 24,6% de economía sumergida. Y olvidar las amnistías fiscales, claro.

Y ahora, en este párvulo 2014, anuncia bajada a un año vista y su continuidad la próxima legislatura, en la confianza de que los votantes también les crean esta vez. Otro rasgo zapaterista: «Bajar los impuestos es de izquierdas», dijo el maestro al Comité Federal en 2005. Los socialdemócratas también rivalizan en su falta de prejuicios como head hunters: «No sabes, Viri [¿o era Sonsoles?] la cantidad de cientos de miles de españoles que podrían gobernar». La referencia a Rubalcaba estuvo bien, las cosas como son.

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.