El poder digital

El Partido Popular sufre el síndrome de los piratas de Astérix. La única aventura en la que no tropiezan con los galos se encuentran con una galera romana en la que viaja Detritus, el sembrador de cizaña, lo que lleva a los piratas a una bronca que les lleva a hundir su propio barco. «Es fantástico, chicos», decía un desalentado capitán pirata agarrado a un madero. «Ya no necesitamos a los galos para hacer el ridículo». Efectivamente, los galos navegaban en la trirreme del PSOE y se habían encargado de hundirla previamente.

Al imponer a su candidato andaluz, Moreno Bonilla, frente al de la secretaria general, José Luis Sanz, el presidente ha inferido a Cospedal una herida profunda y ha aplicado en ella la progresión en los desafectos: adversarios, enemigos y compañeros de partido. Estoy seguro de que la señora Cospedal, cada vez que ha perdido unas elecciones, no ha esperado al día siguiente para felicitar a su adversario. Ha pasado una semana desde que el increíble hombre del currículo menguante recibió el ungimiento del dedo y aún no lo ha llamado. No es menos significativo que Moreno, ese gorrión que se va a zampar Susana Díaz sin despeinarse, tampoco haya llamado a su secretaria general para ponerse a sus órdenes.

La comparecencia de Cospedal en Telecinco fue una defensa personal contra las intrigas de su partido («en las organizaciones políticas hay unos que trabajan y otros que intrigan») y, por tanto, una aceptación explícita de su existencia.

Esto no ha hecho más que empezar y la autoridad de Rajoy no para de crecer, ahora que se le atribuye la destitución de los directores de los tres grandes periódicos de España. No es extraño que se hable de su dedo divino, que Esperanza lo dé por bueno y afirme creer en su existencia. No sé. Rajoy Brey y Moreno Bonilla en los papeles estelares del fresco central de la Capilla Sixtina me parece exagerado, pero en fin, para eso son las metáforas.

Madrid, el rompeolas de todas las Españas, está sin candidatos; o sea, como Andalucía hasta la semana pasada, y la lista a las europeas, lo mismo. Visto el precedente, los populares madrileños cruzan los dedos para que la virgencita los deje como están. Y aún queda el lío que se ha montado Arantza Quiroga en el partido en Euskadi. ¡Con lo buena presidenta del Parlamento vasco que había sido!

Ahora, todo el PP está tocado de quirogismo, afección que lleva a tratar de arreglar un problema creando otro mayor. En la ronda de conversaciones con las organizaciones territoriales, para resolver su decisión de prescindir del número dos se ha reunido con guipuzcoanos y vizcaínos, orillando a los alaveses, lo que sin duda será un nuevo motivo de agravio. Podría resolverlo nombrando a otro alavés en lugar de Oyarzabal, cerrando el círculo: la representación vizcaína seguiría disminuida, como al principio. Aunque el problema principal era que la presidenta, a pesar de ser creyente, prefería ser aupada por la mano democrática del congreso que por el mismísimo dedo de Dios. En fin, es lo que hay.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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