Notarios

Había una íntima coherencia en el acto convocado ayer por los verificadores internacionales: era una rueda de prensa sin preguntas, un imposible lógico, un oxímoron, que han aprendido, como cualquier partido político español, de la izquierda abertzale. Un punto ridícula la disculpa del portavoz Manikkalingam de no admitir preguntas por falta de tiempo, cuando estaba decidido ya la víspera. A una rueda de prensa así le correspondía el anuncio de un desarme sin desarmarse.

Manikkalingam & Co. no son verificadores, son notarios. Ni unos ni otros dan fe de los hechos, sino de lo que les cuentan sobre ellos los comparecientes. ¿Cómo puede llamarse verificador a alguien que no actúa para la parte que necesita ser convencida, el Gobierno de la Nación? La imagen del portavoz campanudo, blandiendo una hoja de papel con el sello de ETA como si fueran las tablas de la Ley y verificara que no se han producido asesinatos, atentados, amenazas, ni extorsiones, era algo patética. Eso lo puede verificar cualquier conserje del Ministerio del Interior que lea el periódico. O cualquier guardia civil, aunque sólo lea el Marca.

Ayer, estos amables cantamañanas ejercieron como portavoces de la banda terrorista: contaron lo que ETA les ha dicho y añadieron que ellos les creen. ¿Y quién les cree a ellos? No han dicho una palabra sobre quién paga sus esfuerzos, detalle importante, sabido que quien paga al gaitero pide la tonada.

El PSE tiene interés en reivindicar el fin de la violencia como fruto de su política, cuando aún gobernaban Zapatero en Madrid y López en Ajuria Enea; Urkullu es un androide que no sueña con ovejas eléctricas, sino con el Vercingetorix de ETA entregando sus armas como ofrenda al Gobierno que él preside.

El asunto es que todo este paripé no facilita la disolución, más bien la retrasa. Si la democracia se conforma con menos, ETA no entregará lo más, que es su propio ser. Si se acepta como buena esta muestra gratis de desarme, ETA tratará de establecer una negociación para una entrega de las armas permanente, antesala de otra indefinida, antes de otra definitiva, proceso durante el que tratará de negociarse la expulsión de los Cuerpos de Seguridad. El Gobierno vasco lo llamará adecuación y se mostrará favorable para poder abordar la disolución definitiva, esta vez sí que sí por la gloria de mi madre.

Hoy, todos los periódicos abrirán con esta inanidad, que les reportará un subidón y reforzará la idea de que no han perdido: unos encapuchados enseñaban a Mannikkalingam y otro una mesa de rastrillo con media docena de armas de saldo con póster del Guernica de Picasso. Y menos mal que eligieron las capuchas negras. Un negro junto a dos tipos con capuchas blancas iba a confundir mucho en las portadas de la prensa de Alabama.

El efecto más inmediato de la pamema fue desplazar hasta el fondo del Teleberri el homenaje a Fernando Buesa y a Enrique Casas, asesinados en días como éstos. 30 segundos en el minuto 30 del Teleberri, pero, claro, no se puede comparar el recuerdo institucional a un vicelehendakari y a un senador frente a la propaganda de sus asesinos, que anuncian la paz a plazos. A todo esto, ¿qué quiere decir definitiva?

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.