Diplomacia local

La Candidatura de Unidad Popular, esa colla independentista que pastorea David Fernàndez, el tipo de la sandalia, ha hecho una auditoría a Caixa Catalunya, la caja que fue llevada a la ruina por la esmerada gestión del ex vicepresidente Narcís Serra. El informe será incorporado a la querella que la CUP presentó contra los sueldos millonarios de Serra y la cuadrilla.

No está mal. Los socios independentistas de Mas denuncian e investigan a una figura histórica del PSC y lo hacen en el Juzgado número 30 de Barcelona, que es el mismo en el que se instruye el caso Palau. Esto no debería extrañar a nadie. España es un país con democracia defectuosa, pero en algunas de sus naciones la oposición tiene un papel más activo incluso que el Gobierno.

Ésa es la razón de que, en épocas pasadas, ETA fuera la única organización terrorista del mundo que obligaba a llevar escolta a los partidos de la oposición, no a los que integraban el Gobierno vasco. Hay una cierta rareza en el hecho de que el principal partido de la oposición desarrolle una iniciativa diplomática del Ejecutivo, pero todo lo que rodea al empeño soberanista catalán va acompañado de un cierto exotismo en el procedimiento.

Hemos sabido que los diputados de ERC Alfred Bosch y Joan Tardà están desarrollando un esfuerzo diplomático para explicar y convencer a los embajadores en Madrid de la bondad y necesidad de la independencia para Cataluña y de la insólita actitud del Gobierno español por no facilitar el referéndum que haga posible la buena nueva.

Artur Mas es una confirmación del viejo principio de que, en casos como éste, y ante la incertidumbre sobre las capacidades intelectivas de un sujeto, es mucho peor que éste se explique y nos despeje cualquier duda.

La biógrafa de este Moisés, la evangelista Rahola, se empeña en apoyar la cruzada con su columna en La Vanguardia y sus fantásticos, stricto sensu, doctorados y autos del Tribunal de La Haya. Y ya, por si lo anterior fuera poco, Bosch y Tardà se han puesto a hacer campaña internacional. El hecho de que hayan mantenido 30 reuniones con otros tantos embajadores acreditados en Madrid es en sí mismo una explicación razonable de que a la independencia de Cataluña le vaya como le va.

Ya es bastante sorprendente que los hayan recibido, pero cabe pensar que los embajadores, ya sorprendidos por el hecho de ver al ministro de Exteriores del Gobierno de España explicar el asunto catalán, tal vez hayan pensado que Cataluña tal vez no sea, después de todo, un asunto interno de España y que ya en este plan no les correspondía a ellos poner reparos a los emisarios catalanes.

Hay que decir en su favor que las embajadas extranjeras en Madrid les quedaban muy a mano, dada su condición de diputados en el Congreso. Mucho más barato que los viajes de Mas e igual de ineficaces para su causa. He intentado imaginar que, en sus misiones diplomáticas, Tardà y Bosch fueran acompañados por Homs y Coscubiela, pero no he podido. Mayormente por la risa.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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