Trabajo de chinos

Tres comisarios de la Policía Nacional, tan relevantes como los jefes de la Comisaría de Barajas y de la Brigada de Extranjería de Madrid, ocho agentes de la Seguridad del Estado, uno de ellos guardia civil y otros dos policías municipales de Fuenlabrada están bajo la mirada de la Fiscalía porque han podido dar trato de favor a miembros de la red mafiosa de Gao Ping, que ya lleva más de un centenar de imputados. Como se sabe, el juez Fernando Andreu ha solicitado ser apartado de la causa por amistad con uno de los comisarios investigados. El asunto pasará a manos de Ismael Moreno, que tendrá que olvidarse de extraditar a los ex mandatarios chinos y conformarse con los amigos de Gao Ping.
Si comparamos a nuestros delincuentes con los estándares internacionales siempre quedamos en evidencia. ¿Recuerdan a Ronald Biggs, el asaltante del tren correo de Glasgow? Pues lo más aproximado que hemos dado en la crónica negra ha sido el crimen del Expreso de Andalucía, perpetrado por unos piernas, que tras el golpe, se bajaron del tren en Alcázar de San Juan para volver a Madrid en taxi, hasta la puerta misma de la casa de uno de los delincuentes.
A Biggs podríamos compararlo con El Dioni, pero nuestros delincuentes no tienen igual carisma. El asalto al tren correo fue llamado el robo del siglo, y se cobró un botín de 2,6 millones de libras (unos tres millones de euros), pero fueron necesarios 15 asaltantes para la faena, mientras El Dioni lo hizo a pelo, él sólo, y se llevó 298 millones de nuestras antiguas pesetas (1,791 millones de euros) del furgón. El Dioni también fue un forajido de leyenda y más desde que se hizo operar del estrabismo; ahí están la canción de Joaquín Sabina glosando su hazaña, Con un par; su colaboración televisiva en un programa de Santiago Segura o en La hora de José Mota. El Dioni es el genio de la raza, un cazador solitario, frente a la delincuencia intensiva en mano de obra como el correo de Glasgow o el caso Emperador.
El abogado defensor de El Dioni, un tal Emilio Rodríguez Menéndez, marcó mucho la pauta estética de nuestra delincuencia. Él defendió también a los policías que asesinaron e hicieron desaparecer a El Nani, al asesino de un hincha de la Real Sociedad acuchillado en Madrid y a la Dulce Neus. También estuvo implicado, y fue condenado por ello, por la grabación del vídeo de contenido sexual a Pedro J. Ramírez. Por si todo esto no bastara para configurar un perfil de acabado delincuente, se hizo editor de prensa, con una curiosa publicación orientada a aclarar al personal qué mujeres eran públicas y qué hombres públicos solían ir de putas, sutilezas del lenguaje.
En 1999 fue herido en un tiroteo. El pistolero había sido contratado por su esposa, que le había prometido a cambio del trabajo 50 millones de pesetas, un reloj Cartier y «un polvo». La literatura negra y el cine están llenos de ejemplos de mujeres que contrataban a alguien para deshacerse de sus maridos: El cartero llama dos veces y Perdición. Lana Turner, Jessica Lange y Barbara Stanwyck en el papel de la señora de Rodríguez, pero jamás habrían hecho una promesa tan burdamente explícita: un polvo si matas a mi marido.
Nos pierden la explicitud y los detalles menestrales. La mafia china sobornaba a sus colaboradores del caso Emperador con mordidas como de película de Berlanga o Forqué: entradas para los toros, partidos de fútbol en Madrid, jamones, botellas de vino y, en algunos casos, masajes con final feliz, que a mí siempre me ha sonado a postre sorpresa de los restaurantes chinos.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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