Tres párvulos

No sé yo si es muy procedente que el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición se tomen tan en serio la asonada catalana como para bajar ellos mismos al Hemiciclo a hacer frente a Herrera, Turull y Rovira, los enviados por el intelectual alternativo que preside la Generalidad de Cataluña; me permitirán llamarla así, como Azaña y Ortega, sobre todo, después de que Gil Lázaro dijera dos veces Cheneralitat para abrir el baile. Mas ha vuelto a repetir su hazaña de la Diada de 2012: convocar la manifestación y luego él quedarse en casa, a verlo por la tele.

Los recadistas no estaban muy cualificados, la verdad sea dicha, pero la diferencia entre los enviados y el honorableremitent era más de carácter protocolario que intelectual.
Jordi Turull, que hace menos de dos semanas negaba toda credibilidad a las resoluciones del Constitucional, integrado por «agitadores de la catalanofobia» y lamentando que los clubes de boletaires tuvieran más libertad que el Parlament. Ayer debía ser president del club del rovellón, como el gran Sazatornil en La escopeta nacional, porque en estos 10 días ya había ganado mucha credibilidad el tribunal catalanófobo: «La consulta es legal y es posible, porque expertos constitucionalistas y la misma sentencia del TC dicen que si hay voluntad política, la consulta sobre el futuro político de Cataluña tiene cabida en la Constitución», dijo ayer. «[Esto] no es un callejón sin salida, sino un camino sin retorno», concluyó, y en esto tiene razón, ya dijo Perón –todo el mundo tiene derecho a su frase feliz– que de todas partes se vuelve menos del ridículo.

Marta Rovira, qué bien habría interpretado su papel la malograda y gran Mary Santpere de joven, confirmó ayer aquel gran momento suyo de 2012, en que explicó su idea para financiar una Cataluña independiente en rueda de prensa que aireó sus insuficiencias expresivas. Y su relativismo con los datos: dijo que en las elecciones de 2012, Cataluña aprobó la decisión de convocar un referéndum para decidir su futuro como pueblo «y esa decisión recibió el apoyo del 70% del censo electoral». Lo de explicar los sentimientos con números es complicado y ella es de letras (catalanas). En las autonómicas de 2012 votó el 69,56% del censo y votaron a partidos independentistas el 64,45% de los votantes, es decir: casi el 45% del censo.

Así las cosas, los portavoces Rajoy, Rubalcaba y Díez lo tenían fácil para lucirse ante los tres párvulos. Los tres coincidieron en la idea básica que los soberanistas no son capaces de asumir, al parecer: que la esencia de la democracia no son las urnas, sino la Ley. Rajoy estuvo pedagógico y claro. Rubalcaba dejó caer algún viaje al Gobierno, aunque al centrarse en la propuesta recordó aquella gran actuación suya en febrero de 2006, cuando el plan Ibarretxe. Rosa Díez tuvo una de sus mejores intervenciones, centrada en la propuesta, en los planes secesionistas, en la corrupción, en el victimismo, en su principal impulsor, su Moisés y en los problemas de verdad de los catalanes. Qué añoranza de Ibarretxe y qué ausente Mas.
Pero así son las cosas. Menos es Mas, dijo Mies (van der Rohe). E inventó el minimalismo.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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