Una rareza

Susana Díaz es uno de los personajes más notables del socialismo español. Llamó mucho la atención su estreno hace unos meses como presidenta de la Junta, cuando emplazó al PSOE y al PSC a defender la unidad de España. Coño, qué rareza, pensó uno, que estaba empezando a considerar al PSOE una rara síntesis del PSC y Jesús Eguiguren.

Ayer ejerció de gobernante, al firmar un decreto por el que retira a la consejera Cortés las competencias en materia de adjudicación de VPO, advirtiendo de que «siempre se va a actuar dentro del marco de la Ley, de la igualdad y de la justicia social». La causa es que la consejera de IU había atribuido graciosamente 18 viviendas a los desalojados de la llamada corrala Utopía, una ekintzaokupa patrocinada y amparada por IU en unos pisos de Ibercaja sin vender, a la que puso fin la Policía el domingo pasado por orden de un juez profesional.

La consejera Elena Cortés debió de considerar cuestión menor que esa docena y media de viviendas tuviese una larga lista de espera, una nimiedad comparándola con el absoluto de Utopía que alienta en los ideales de la verdadera izquierda. Y se las adjudicó a los suyos. La Utopía es una patada en la puerta de casa ajena, un condón pinchado de esa Izquierda Unida de Cañamero y Sánchez Gordillo, que eran en el arte de asaltar supermercados el equivalente a los hermanos James en el de asaltar trenes.

No llegará la sangre al río, advierte el portavoz de IU: no se pondrán tan pundonorosos como para romper el pacto de Gobierno. O sea, que volverán a mandamiento y la presidenta les devolverá la adjudicación de las viviendas, pero ya habrá sentado una base para el adelantamiento de elecciones, cogiendo con el pie cambiado, no sólo a su socio de Gobierno, sino a un jefe de la oposición todavía en agraz, como lo demostró ayer, al ofrecerse como socio de repuesto si Susana rompe con IU.

Susana Díaz ganará esas elecciones, que probablemente serán una meta volante en su carrera hacia la secretaría general del socialismo español. De ahí su defensa de la ley y de una España unida, un lenguaje extravagante en la izquierda de hoy. Fue chaconista, pero apoyará a Rubalcaba, para que le caliente el sitio mientras se jubila de verdad.

Estos fines son legítimos. Mucho más que la Utopía de IU o las «cosas maravillosas» que anunciaba Chacón durante un mitin en Tomelloso. Y los medios y el discurso parecen adecuados. Más que la espantada de la primera diputada por Barcelona, una aspirante que puso tierra y un océano por medio, mientras en Cataluña, su Cataluña, se gestaba la insurrección, se incumplían las leyes y se incurría en desacato.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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