El faisán canta dos veces

Dos honrados policías bregados en la lucha antiterrorista alertaron a un tal Elosua. Uno le acercó un teléfono móvil y el otro vino a decirle: «¡Agua, agua! ¡La madera!». Fue el caso Faisán. La Policía estaba al tanto de la existencia de 54.000 euros extorsionados a dos constructores de Leiza por la banda terrorista. El dinero le había sido entregado a Elosua el 3 de mayo de 2006 por Julen Madariaga.

O sea, que el 4 de mayo, día de autos, iban a coincidir varios hechos que preocupaban mucho al Gobierno: la operación policial revelaría que, pese al alto el fuego hecho público por la banda el 22 de marzo, ETA seguía extorsionando, tal como había denunciado el presidente de los empresarios navarros, a quien le cayeron toda clase de acusaciones por contradecir los sedantes informes de verificación de Rubalcaba. Aquel mismo 4 de mayo se iba a detener a Gorka Agirre, responsable de relaciones internacionales del PNV y su antena en el entorno de la organización terrorista, mientras Zapatero recibía en La Moncloa al presidente del PNV, Josu Jon Imaz, para tratar del apoyo de este partido a su proceso de negociación. Imaginen el ambientazo que se crearía si, en el momento en que están reunidos, le llega a Imaz la noticia de que le habían detenido a un burukide tan cualificado.

La Audiencia Nacional condenó a los dos policías como autores de un delito de revelación de secretos, rechazando el de colaboración con banda armada y exculpando a la cúpula de Interior, director general de la Policía, secretario de Estado y el propio ministro del Interior. A veces, la judicatura española desafía las leyes de la lógica. Cabe valorar la pena imputable a dos funcionarios que malogran una trayectoria impecable por obedecer una orden ilegítima, la falta de antecedentes, la hoja de servicios y cuantos atenuantes procedan, pero dar el queo a unos presuntos delincuentes para ayudarles a eludir la acción de la Justicia no es exactamente lo mismo que filtrar a un periódico parte de un sumario. La segunda incongruencia es que los funcionarios actuaran por su cuenta, sin órdenes de la superioridad.

El canto del faisán es como la llamada del cartero: siempre suena dos veces, y el Tribunal Supremo ha acordado que la vista de los recursos de las asociaciones de víctimas y del PP contra la sentencia de la Audiencia Nacional se produzca el 13 de mayo, aniversario, vaya por Dios, de la Virgen de Fátima y 12 días antes de las elecciones europeas.

Es un motivo de preocupación para Rubalcaba. La apreciación del delito de colaboración por parte del Supremo supondría el aumento de la condena para los dos policías, su ingreso en prisión y un fuerte aliciente para explicar si el chivatazo fue inducido por la cadena de mando. Es una mala noticia para los socialistas, sin necesidad de prejuzgar la sentencia del Supremo. También para el público en general. No hay garantía de que vaya a hacerse más justicia, pero la campaña volverá a adornarse con las plumas vistosas del faisán y a moverse con el vuelo torpe de las gallináceas.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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