¡Un diccionario!

En el fondo, se trata de un problema lingüístico. La inmersión en la enseñanza catalana no sólo afecta a los nativos vocacionales, sino también a gentes que nacieron y crecieron en lo que antaño se llamaba Territorio MEC, conjunto de comunidades autónomas que no tenían transferidas las competencias de Educación. Hoy, en la práctica, el Territorio MEC se ha quedado reducido a Ceuta y Melilla. ¿Y cómo puede un territorio tan grande haberse quedado en dos ciudades tan chiquitas?, preguntaría aproximadamente Marilyn en Con faldas y a lo loco. Naturalmente, respondería Curtis: España encoge con el vinagre.

Tanto en Cataluña como en el resto de España, el fenómeno se revela con mucha anterioridad a la entrada en vigor de la inmersión y/o la Logse. Un suponer, los ministros de Asuntos Exteriores y Economía y el presidente de la Comisión de AAEE del Congreso, Josep Antoni Duran Lleida, akaEl prisionero del Palace.

Mi admiración por el ministro de Asuntos Exteriores viene desde que, desafiando los criterios elementales de Barrio Sésamo (dentro-fuera, interior-exterior), catalogó al secesionismo catalán como un asunto exterior. A Foreign Affair, con permiso de Billy Wilder.

Estamos ante un problema nacional que trasciende la personalidad de los protagonistas y sus imprecisiones conceptuales. «Los puentes con Cataluña no están rotos», le contó a Esther Esteban, mientras incurría en cierta tautología al explicar que los motivos de la desafección en Cataluña son tres, y los tres falsos. Desafección, tal como recordaba Espada en su blog, tiene una sola acepción en el DRAE, tan rotunda y escueta como ésta: «Mala voluntad».
¿Cómo se tiende un puente hacia la mala voluntad de la otra orilla? Al parecer, con buen rollito, como en los asuntos que sí son de su competencia. Ucrania, verbigracia. Cuando la guerra civil es un barrunto generalizado de portadas, nuestro ministro de AAEE sugiere una fórmula mágica: «Deben propiciar una reconciliación nacional». ¿Reconciliar al fascista Bandera, el héroe de Maidan, que a tantos judíos mató bajo la protección de Hitler, con el Ejército Rojo al que combatía? No digo que no, pero es difícil. Ucrania nunca ha sido Polonia, ni la plaza Maidan el campo de una primavera democrática.

Su colega de Economía había tachado de desafección la actitud catalana, pero se mostraba decidido a negociar y pagar por ella. En cuanto a Duran, el hombre, sostiene que en Madrid disfrutan, «y no poco, hablando de un hipotético clima de confrontación social en Cataluña». El diputado mejor evaluado por los españoles durante tantos años no parece saber que confrontar es cotejar, contrastar proyectos, ideas, y ésa es precisamente la esencia de la democracia, lo que se hace –o debería– en el Congreso de los Diputados.

El problema de lenguaje, ya digo. Nuestros dirigentes no conocen el significado de las palabras que emplean. Urge regalarles un DRAE, un patrón elemental para el entendimiento. Si los que practican la desafección rechazan la E, también valdría el Manuel Seco. O el de Cuervo, que era peruano y les parecerá más neutral.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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