Pegada de carteles

«Esta noche pegada de carteles», se decía en la militancia de aquellos maravillosos (más o menos) años. La pegada es hoy una metonimia del estilo tirar de la cadena, justificada por la funcionalidad, pero superada por la tecnología. Anoche los partidos mayores abandonaron la cola, el engrudo y aquellos carteles con los rostros de unos candidatos que la humedad de la cola fijaba en las paredes como si fueran las caras de Bélmez. Se impuso el mitin, y al llegar la medianoche, hora en que la carroza se convierte en calabaza, los oradores pidieron descarnadamente el voto. Aún cultivan el rito algunos partidos pequeños, IU, UPyD, y con carácter simbólico. Todo este cambio ya lo anticipó en los 80 Alfonso Guerra, cuando se mostró dispuesto a cambiar 10.000 militantes por 10 minutos en televisión.

Sostenía Rubalcaba ya hace unos meses que las encuestas del CIS están hechas con cocina de cuartel y seguramente tiene razón. El que paga al gaitero pide la tonada, independientemente de las creencias religiosas, políticas, sexo o raza del pagano. Si lo sabrá él. Alfredo Pérez Rubalcaba era portavoz del PSOE en el Congreso cuando el CIS, recién estrenado ZP, predijo en 2004 una participación del 76,7%. También que las iba a ganar el PSOE con 9,6 puntos y cinco escaños de diferencia. Los sondeos debían de contemplar una horquilla de +-31%, porque los participantes se quedaron en el 45,9% y la victoria del PSOE fue moderada: dos puntos y un escaño.

Bueno, pues a la hora de la pegada de carteles, el CIS predice una victoria del PP de 2,7 puntos y un par de escaños. Empate técnico, reclamarán los socialistas, mientras el PP se agarrará a la diferencia. También deja constancia del escaso interés de los españoles por las europeas, como el hecho de que sólo el 16,9% conozca exactamente la fecha de las elecciones.

Europa no interesa demasiado. Tampoco puede extrañarle a nadie que haya seguido la obsesiva precampaña de la cabeza de lista del PSOE, reprochando a sus adversarios sumisión a Merkel, despreciando el hecho de que sus 18 ó 19 eurodiputados van a estar en el mismo grupo que los que saque el SPD alemán, socio de Gobierno que ayuda a definir la política de esa Merkel que tanto daño nos hace. Y en el mismo que los eurodiputados socialistas franceses, que quién nos iba a decir que Manuel Valls nos iba a salir un manostijeras comparado con el cual Rajoy iba a parecer un acabado socialdemócrata. También podría ser que los socialistas alemanes y franceses, hartos ya de estar hartos, elijan nueva jefatura en Estrasburgo al grito de «ni putas, ni sumisas».

La abstención es producto del desinterés europeo y de la desafección a la política, pero quienes se acerquen a las urnas votarán con convicción, porque en España siempre votamos contra alguien y al menos el que lo hace contra Merkel conoce el ámbito de la soberanía. Los demás se sacarán la espina votando contra Rajoy, Rubalcaba ¡o Aznar! Y gratis, sin el coste de soportar las consecuencias de la propia decisión.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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