Hecho irrepetible

Los vocales de la Junta Electoral de Zona de Madrid han escrito un nuevo capítulo en la extensión de los derechos humanos al aceptar como razonable la excusa solicitada por un ciudadano de Madrid. Pedía el hombre, y al parecer no es caso único, eludir su designación como suplente en las elecciones europeas del próximo domingo.

Resulta que acontecimientos europeos este fin de semana hay más de uno, un suponer la final de la Champions que se va a celebrar en Lisboa durante la jornada de reflexión, hermosa coincidencia. El solicitante alega su condición de «longevo abonado» del Atleti para hacer ver que es un hecho irrepetible para él ya que, a su edad, nadie cambia de equipo de fútbol y estadísticamente no va a estar en disposición de asistir a la próxima final de los colchoneros. Se puede cambiar de cónyuge (en 2012 se produjeron en España 116.464 rupturas), el mismo peticionario ha asistido «a 36» bodas. Evidentemente, tiene más posibilidades de asistir a una nueva boda, incluso a una nueva boda propia que a otra final. Hay más días –y más bodas– que longanizas, siempre se ha dicho.

Si la Junta Electoral ha excusado a gente por la boda de un pariente, ¿cómo no va excusar por hecho tan irrepetible? Otra cosa es que la hubiera pedido un socio del Barça, que ha jugado seis finales en los últimos 30 años: «Ya tendrá usted más ocasiones, buen hombre».

Éste es un asunto complejo. Para empezar, la teoría del hecho irrepetible puede llevar a equívocos: ¿es más relevante en la vida de las personas una final de fútbol improbable que contraer matrimonio? Llevando el asunto al extremo, las juntas electorales deberán eximir de cumplir sus obligaciones electorales a los ciudadanos que se vean obligados por las exequias de un hijo, pero lo del hecho irrepetible es menos importante que la relevancia del hecho: nadie pondría la condición de que fuese hijo único.

¿Cómo no comprender el asunto, con la cantidad de veces que los padres de la patria han plantado sus tareas legislativas por un partido de fútbol? Las elecciones generan una desafección creciente, en general, y no digamos si se trata de europeas. Será de interés comprobar el lunes cómo ha afectado la final de Lisboa a la participación de Madrid, aunque es de esperar que beneficiará notablemente la abstención. Por otra parte, la participación en Cataluña puede llegar a ser tan alta como si fuera el referéndum de la Constitución Española de aquel 6 de diciembre, lo cual indica que van a votar por otras razones que la configuración del Parlamento Europeo. ¿Dónde se ha visto un debate europeo?

Hay que entender a los ciudadanos que han puesto su corazón europeo en la final de la Champions. Y hasta a la Junta, ¡qué coño! Es –como escribió mi querido Ónega para el presidente Suárez, antes de que lo ascendieran a duque– «hacer normal lo que a nivel de calle es simplemente normal».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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