Europa, Europa

¿Europa, Europa? Conozco a una electora que ayer optó por uno de los dos grandes partidos, con la idea de que la construcción de Europa requiere el esfuerzo de los grandes, en lugar de la atomización hacia lo pequeño. Quizá sea la única española que se ha tomado en serio las elecciones europeas. Ha sido España. «España, cristal de copa, no diadema», que escribió Neruda.
La noticia es la resistible ascensión de Pablo Iglesias, un candidato con cara de logotipo que se ha alzado con unos resultados impensables a costa del PSOE e Izquierda Unida. Crecen: IU, aunque por debajo de sus expectativas y UPyD, según lo previsto. Los dos partidos mayoritarios han perdido 17 escaños: nueve los socialistas y ocho los populares, lo que viene a ser un dato muy negativo para el PSOE, que había puesto su última esperanza en adelantar al PP y la ha perdido.
Era el último cartucho de Rubalcaba y lo han quemado, lo que viene a suponer un desastre para el principal partido de la izquierda, que era perfectamente previsible: es imposible conquistar el centro desde una mirada obsesionada hacia su izquierda. Van a empezar a sonar campanas de primarias, pero todo será para peor. ¿Qué sentido tiene abrir un debate por la Presidencia del Gobierno, cuando lo que procede es un Congreso extraordinario para responderse a las preguntas básicas: quienes somos, de dónde venimos, adónde vamos? Lo que debieron hacer en 2011, vamos. Algún día tendría que dimitir alguien, asumir la responsabilidad en la derrota y comenzar a reflexionar sobre el proyecto. Hoy mismo, la Ejecutiva debería plantearse: ¿Era un buen eslogan el de ‘Cañete, machista’?
Por otra parte, Artur Mas ha cubierto otra etapa de su partido hacia la nada y la ha resuelto como las anteriores: mostrando su satisfacción por los resultados y agarrándose a la consulta. CiU ha perdido la hegemonía, los derechos de primogenitura y hasta el plato de lentejas en favor de Esquerra Republicana que le ha sacado una ventaja de 1,8 puntos.
Los últimos días se habían registrado movimientos tácticos. Mas presentó en sociedad la urna que ya tiene preparada para la consulta y que el diario del Grande llevó a portada el viernes, como para demostrar dos cosas: que CiU iba a por todas y que el soberanismo es muy barato: seis mil urnas para toda Cataluña, a dos euros cada una, doce mil euros, tal como se decía en el Un, dos, tres… No es dinero, si bien se mira, malversación según el artículo 433 del Código Penal, pero en menor cuantía, quizá más cerca de la falta que del delito. Ni los esfuerzos de discreción de Junqueras bastan para rescatar a Mas de sí mismo, de su última propuesta de aventura en tierras de la Francofonía y de su naturaleza delicuescente. Su partido debería decirle algo alto y claro. En términos que él mismo pudiera entender, vamos.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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