El escalafón

La dimisión del secretario general del PSOE el lunes y la del secretario general de los socialistas vascos, 24 horas después, me han traído a la memoria aquel verano de 1978 en el que murieron dos papas de la Iglesia Católica en menos de dos meses: Pablo VI, el 6 de agosto, y Juan Pablo I, el 28 de septiembre. Se contó por entonces el sucedido de que, al tener noticia del segundo óbito, un monaguillo de Ávila se frotaba las manos en la sacristía, muy esperanzado: «Hay que ver, cómo corre el escalafón».

Tengo yo para mí que estas dimisiones han venido a alimentar las ilusiones de algunos monaguillos. La de Rubalcaba pone un broche de dignidad a una carrera que no tuvo sus momentos más brillantes en los últimos años. Pero su renuncia y la convocatoria de un congreso extraordinario son correctas. Es verdad que pudo darlo antes, siguiendo el ejemplo inmaculado de Almunia en marzo de 2000. O el de Felipe González en aquel XXVIII congreso que aprobó el marxismo en mayo de 1979. Quizá fuera más adecuado poner la organización del congreso de julio en manos de una gestora, pero raramente se puede tener todo y ya escribió Petrarca «ch´un bel morir tutta la vita onora».

Patxi López abrochó su dimisión con un gran discurso, lleno de sentido común, tan infrecuente en nuestros socialdemócratas los últimos tiempos. Tanto peor si miramos hacia el relevo generacional: Chacón, Madina y Talegón–virgen santa–, reclamando las primarias como la piedra de toque de la democracia. López, al igual que Rubalcaba y la mujer fuerte del partido, dice con metáfora simple y eficaz que él también quiere primarias pero que, al hacer la casa, lo primero son siempre los cimientos, el partido: «Sin un partido fuerte, no hay candidato que valga».

Uno de los problemas del PSOE, alguna vez lo tengo escrito, es que no ha guardado ese sentido del orden y muy a menudo ha preferido empezar la casa por el tejado y la comida por el plato principal, como es tradición en el cocido maragato: lo primero, siempre, pillar la proteína. De ahí la novedad de Patxi López. Es pronto para saber si los socialistas van a hacer la rectificación a partir del desastre o seguirán la tradición de irse hacia el lado oscuro y abrazar con pasión la causa de su derrota; si van a huir más aún del centro para buscar acomodo entre Cayo Lara y Podemos, al igual que Mas se ha abrazado a ERC hasta transmitirle la primogenitura y más allá.

Los socialistas deberían atender la última reflexión de Quevedo por la pluma vicaria del Buscón, después de irse a las Indias para mejorar sus oportunidades: «Y fuéme peor, como vuesa merced verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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