Buscando sucesor

El PSOE vive una tragedia moderna con hechuras clásicas. Cuenta Robert Graves que, tras el asesinato de Calígula, dos de los soldados dieron con el viejo tío Claudio y de la misma le hicieron emperador. En la casa de los socialistas se va convirtiendo en costumbre sacar al nuevo César de detrás de la cortina. ¿Cuáles son las condiciones del mirlo blanco? La juventud y el éxito, que gane las elecciones al primer intento. Ésa fue la gran virtud de Zapatero. Llegaron a creer que tenían un líder en Tomás Gómez porque en Parla, aquel pueblo que dejó arruinado, había ganado dos alcaldías consecutivas con el 73% y el 75% de los votos.

Ante el hecho de que se conocen todos mucho, es casi mejor optar por un desconocido, dado que externalizar la Secretaría General sería una actitud comprensible en el PP, pero no en un partido de izquierdas, desde que Antonio Gramsci acuñó el concepto de intelectual orgánico. Seguramente el fundador del PCI se habría asombrado mucho al ver al dimisionario que no se va, a la vencedora de las europeas en Andalucía que aspira, y a Carme Chacón, una aspirante que se marchó a Florida justamente cuando su Cataluña natal volvía a las andadas del 34.

El Partido Socialista está enfermo de zapaterismo. El anterior secretario general tomó el olivo en 2011 para no asumir ante los ciudadanos y sus votos la responsabilidad de su fracaso. Tendría que haberse presentado y la misma noche de la derrota anunciar su dimisión y el nombramiento de una gestora con una única función: convocar y preparar un congreso extraordinario para reflexionar sobre las cosas, las ideas, los proyectos, refundar el partido si se llega a la conclusión de que este instrumento ya no vale; y después, sólo después, elegir de entre ellos a la persona capaz de dirigir ese partido.

Sólo he acertado a ver algo de sensatez en las palabras de Jáuregui, un clásico. López empezó bien, pero se torció y ahora parece inclinarse por la vía de Madina y Chacón. Como Rubalcaba, quizá para limitar el avance de –¿la casta?– Susana. Cada militante un voto, dice el primero. Cada progresista, un voto, reclama la segunda, no sé si con la intención de que el nuevo secretario general esté avalado por las huestes del Coletas. O sea, ¿van a elegir a un secretario general que luego tenga que gestionar sí o sí la política aprobada por el Congreso? Esa tontería ya tiene 35 años, cuando el PSOE se rindió a Felipe y a continuación le encargó gestionar un partido autodefinido marxista en aquel 28º Congreso. Es el coche lo que no funciona, ¿a cuento de qué viene la obsesión por contratar un nuevo chófer?

En Roma había un respeto a la tercera edad, de ahí el Senado. Aquí y ahora habrían acuchillado al viejo y erudito tío Claudio por su falta de telegenia, para coronar emperador al joven y prometedor Calígula.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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