PSOE y República

Los aparatos son raramente partidarios de fantasías y el del PSOE no tenía por qué ser una excepción, a pesar de haber pasado por la prueba de Zapatero. De hecho, es muy reconfortante ver un cierto sentido de responsabilidad en el ex presidente. El candidato más zapaterista después de la retirada de Chacón, va a encontrarse con el aparato. No sólo los barones, López, Felipe. Zapatero, su mayor valedor hasta hace un mes, su respaldo más cualificado, que ahora cree que es mejor que se haga a un lado.

Viene de antiguo. El 20 de mayo de 2005, Madina publicó un artículo en El País contra Rajoy. Antes de enviarlo se lo remitió a Zapatero en busca de aprobación. El presidente le dijo: «Está muy bien, pero, ¿te acuerdas de lo que te dije cuando fui a verte al hospital?». «Sí», respondió Madina. «Pues añádelo». Y el artículo fue publicado con el siguiente broche: «Una tarde en la habitación de un hospital. Unos días antes, una bomba de ETA había explotado debajo de un coche. El secretario general del PSOE entró por la puerta, se acercó a la cama y preguntó qué tal. Bien –dijo el chaval– ¿Y tú? Bien –contestó Zapatero–, te voy a regalar una Euskadi en paz».

El PSOE vuelve a encontrarse con su maldición de siempre ante el congreso de julio, 16 años después de las primarias que Borrell le ganó a Almunia y 14 años después del congreso que encumbró a Zapatero. Madina da una razón al aparato aun sin saberlo, al comparar su duelo con Susana Díaz con el que mantuvieron Josep Borrell y Joaquín Almunia en abril de 1998 en las primeras primarias de la historia del partido. La mera analogía entre ambas parejas revela el despropósito: Madina, el Borrell del siglo XXI, y Susana, el nuevo Almunia.

Sostiene el joven Madina que las bases votan contra el aparato –que no, que no, que no nos representan–. La casta Susana no se acaba de fiar y le gustan los congresos y, eventualmente las primarias, sin sorpresas. Prefiere ser candidata única y el partido piensa que es lo más sensato. El republicanismo de Madina no juega a su favor, ni su afán de batir a Pablo Iglesias en un terreno, el de la demagogia, en el que se ha mostrado duro de batir.

Hombre, está Odón Elorza, que pide libertad de voto al grupo parlamentario. Y aún dijo en entrevista a El País (17-8-2003) que «los políticos deberían masturbarse más». Está también el caso de Henar Ortiz, tía de la Princesa de Asturias, que está desatada por Twitter pidiendo referéndum, ese invento de Napoleón que han manejado más que nadie los dictadores, Franco, Castro, Bordaberry y Pinochet, y que nuestra izquierda considera la quintaesencia de la democracia.

No soy partidario de impedir la libertad de expresión de doña Henar. Personalmente me conformaría con que no lo pidiera su sobrina y con que la eventual República se parezca mucho más a la monarquía sueca o noruega, o a la nuestra, que a las repúblicas de Corea, Irán, Popular China, Argentina, Bolivariana de Venezuela, Ecuador, Bolivia, o a la extinta Democrática Alemana. Y naturalmente, a Cuba.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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