La primera vez

Felipe VI se estrenó con un discurso que parecía pensado para los ausentes. Para explicar a gentes como Cayo Lara, en qué consiste una monarquía parlamentaria en el siglo XXI y cuál es el papel de un Rey constitucional. Alguna vez tengo dicho que en estas expresiones lo sustantivo está en los calificativos que, tanto parlamentaria como constitucionalmente, están cargados de significantes democráticos.

Sí asistieron los presidentes autonómicos de Cataluña y el País Vasco, representantes ordinarios del Estado en ellas, que se pasaron el minuto y medio largo de la ovación al Rey con las manos cruzadas por delante, como los futbolistas para protegerse la entrepierna en la barrera ante un tiro libre directo. A ellos no les gustan estas moderneces. Al nacionalismo le tira el antiguo régimen. Cosa natural: después de todo, ellos siempre se han agarrado a privilegios, exenciones y fueros medievales y la monarquía parlamentaria no les parece cool.

Mas se sintió decepcionado ayer porque Felipe VI no aprovechara su primer discurso para declarar inaugurado el Estado plurinacional. Los nacionalistas vascos han echado de menos desde siempre aquella vieja costumbre de los reyes absolutistas, que tras jurar en las cuatro iglesias los fueros vascos, eran proclamados Señor de Vizcaya. Por otra parte, el nuevo Rey se refirió dos veces al cumplimiento de la Ley y es hasta cierto punto natural que, especialmente Artur Mas, se sintiera aludido.

Las otras lenguas de España forman un patrimonio digno de respeto y protección, así lo dice la Constitución, lo recordó Don Felipe y es justo que así sea. Lo que pasa es que se excedió al decir que las lenguas «son a la vez los puentes para el diálogo de todos los españoles».

Las lenguas son puentes para sus hablantes entre sí, así el euskara para dos euskaldunes, pero un euskaldun y un gallego no se entenderán, salvo que recurran a una lengua que ambos conozcan, el castellano o español, un suponer. Zapatero había dicho en 2005: «Las lenguas están hechas para entenderse» y el gran Sánchez Ferlosio le arreó una cornada memorable en las páginas de ABC.

El Rey citó en su apoyo a Machado, Espriu, Aresti y Castelao. El final del discurso, el «muchas gracias» en las cuatro lenguas tenía ecos de los versos que Aresti escribió a su amigo Tomás Meabe, prometedor poeta y fundador de las Juventudes Socialistas: «Cierra los ojos muy suave,/ Meabe,/ pestaña contra pestaña./ Sólo es español quien sabe,/ Meabe,/ las cuatro lenguas de España». Gabriel Aresti fue un buen poeta, pero no era hombre de gran precisión conceptual y no deberíamos tomar esos versos en sentido literal como piedra angular de la ciudadanía.

«Caben distintas formas de sentirse español», dijo también, matizando oportunamente que los sentimientos no deben enfrentar, dividir o excluir. No ha estado mal en su primera vez, pero al Rey no le compete tomar iniciativas políticas. Es al Gobierno, y estamos a cuatro meses del desafío contra la legalidad planteado por el secesionismo catalán, mientras el vasco permanece a la espera.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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