La ética o la ley

Willy Meyer ha sido un cordero pascual que Izquierda Unida ha sacrificado en el ara de sus querellas internas. Uno es muy respetuoso con los usos y costumbres domésticos de cada familia, siempre que sean aceptados por las partes, como parece ser el caso y los gritos no trasciendan al exterior. «La ética está por encima de la ley», ha dicho sentencioso y resignado el dimisionario, con una melonada que antepone un concepto vagaroso a la precisión del Código Penal.

Todo el mundo sabe qué son los delitos contra la Hacienda y la Seguridad Social. Están tipificados en el título XIV del C. P. de 1995 (artículos del 305 al 310 bis, ambos incluidos). Pero el problema con la ética es que no se sabe lo que es. Un comisionista venal que gozó de notoriedad en Bilbao, antes de Gürtel, antes incluso de Filesa, no concebía esa razón: «¿Ética, moral? Eso se lo echas al cocido y no da grasa».

La ética que IU contrapone a la ley, es la barrera con la que trata de contener el avance y la pujanza de Podemos. Meyer tenía su fondo de pensiones en una Sicav, pero era un inconveniente generacional para esos garzones de su partido, tan escasos de razones como sus Cayos y Centellas, y los Iglesias y Monederos que en rivalidad fronteriza ya les comen, ya les comen, por do más pecado habían. Pablo Iglesias ha celebrado la dignidad del cesante comunista y lo ha puesto como ejemplo para el resto de «la casta».

Tener un fondo de pensiones gestionado por una Sicav es perfectamente legal, pero al parecer, éticamente más impresentable que mantener un chiringuito subvencionado durante 10 años con 3,7 millones de euros por asesorar a la satrapía venezolana. Al parecer, lo de los motoristas disparando a los estudiantes no lo recomendaron ellos, ni, según dijo el líder, cualquier forma de represión, ni el desabastecimiento de artículos de primera necesidad que padece la población. Hay cosas que vienen por sí mismas y obedecen a una cierta lógica: si carecen de alimentos tampoco van a necesitar mucho papel-tualé. Por otra parte, como dijo atinadamente Zapatero a la pregunta que un espectador tenía para él, «las armas que vendemos a Israel no se utilizan para eso» (matar palestinos).

O sea, que la Sicav es legal y por lo tanto legítima, y en el caso que nos ocupa, no es truco evasor. Los pensionistas acogidos pagarán al rescatar sus pensiones exactamente igual que en cualquier otro fondo. Otra cosa es el hecho discutible de que las instituciones provean fondos de pensiones, becas para los hijos y otras gabelas que supongan privilegios, elementos de desigualdad entre representantes y representados. Presenten mociones en contra, pero mientras sean legales, dejen de lagrimear. Hombre, si a Willy Meyer le duele mucho haber tenido su dinero en una Sicav, puede rescatarlo, pagar a Hacienda lo que toca y con el resto, renunciando a beneficios, hacer una donación a la Seguridad Social o a cualquier otro destinatario análogo. Hombre, yo no se lo recomiendo y personalmente no lo haría, pero es por ofrecer una salida que dé consuelo a las almas atribuladas de nuestra izquierda.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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