La toga o la minifalda

No había visto sentencia tan pintoresca desde la redactada en 1989 por Rodrigo Pita en Lérida y que pasó a la crónica negra de la Justicia como La sentencia de la minifalda: la chica iba al trabajo como iba, y se comprende que el patrón cediera a la tentación de magrearla un poquito por encima de la ropa.

Los hechos juzgados y absueltos ayer por la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional sucedieron el 15 de junio de 2011, cuando unos manifestantes cercaron el Parlamento de Cataluña para impedir la entrada de los parlamentarios, a los que insultaron, zarandearon y agredieron, debiendo ser protegidos por los Mossos. El presidente Artur Mas tuvo que entrar al recinto del Parlament en helicóptero.

Ramón Sáez Valcárcel, ponente de esta sentencia o así, ha escrito que «la democracia se sustenta en un debate público auténtico, en la crítica a quienes detentan el poder» (página 56). Detentar es, como sostiene el diccionario de la RAE: «Retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público».

No es que uno sea forofo de Mas o de la mayoría que sostiene el Govern, pero mientras un tribunal no diga lo contrario, no detentan, sino que ejercen el poder que sus conciudadanos les han conferido legítimamente en elecciones autonómicas.

Escribe el juez Sáez que «cuando los cauces de expresión y de acceso al espacio público se encuentran controlados por medios de comunicación privados, (…) resulta obligado admitir cierto exceso en el ejercicio de las libertades de expresión o manifestación…» (págs. 57-58). Qué gran texto para un posible Círculo de Podemos en la Audiencia Nacional, que es el noveno círculo del infierno de Dante («lasciate ogne speranza, voi ch’intrate»).

La sensatez está en el voto particular del juez Marlaska y en los recursos de la Fiscalía y el Parlament, con la excepción de ICV (el ponente Sáez llegó al CGPJ a propuesta de IU) y las CUP.

Su argumento parece inspirado en la jurisprudencia Pablo Iglesias acerca de la necesidad del control público sobre los medios privados. Pero, ¿quién les ha dicho a este juez, a Pablo Iglesias, a Cayo Laya y al tipo de la sandalia que los medios privados no cumplen con su deber de informar o que silencian las protestas por los recortes o por cualquier otra causa?

El ponente, además, describe los hechos falsamente. En Cataluña, la televisión líder es pública, TV3. También lo son BarcelonaTV, Catalunya Ràdio y las emisoras municipales de cada pueblo. En 1987, el terrorista Juan Carlos Yoldi, excarcelado para la ocasión, hizo un discurso en la tribuna del Parlamento vasco, donde dijo: «Yo vengo a traer aquí la voz de los sin voz, de aquéllos que carecen de libertad de expresión». Y lo decía un etarra procesado y luego condenado por varios delitos de terrorismo, designado candidato a lehendakari por Herri Batasuna.

Llegados a este punto, a mí, como a Manolo Escobar, no me gusta que en los juicios se pongan la minifarda. Tal vez se vean más favorecidos, pero a la causa de la Justicia le sienta mejor la toga.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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