Fantasías legislativas

La oposición se puso brava ayer contra el Gobierno. Es parte de su cometido. También se comprende por el asunto: meter en un solo decreto 26 reformas legales es llevar demasiado lejos la moda patchwork. Decreto-ómnibus lo llaman con una evidente contención verbal. Para alojar 26 leyes no basta un autobús; se necesita un tren mercancías.

Es verdad que lo han hecho todos; Zapatero con las reformas a partir de aquella noche de mayo en que oyó voces: las de Obama, Merkel, Sarkozy y Hu-Jin-Tao, en idiomas diferentes y todos distintos al único que hablaba nuestro presidente. Y Él pilló el mensaje. Ya había dicho que las lenguas están hechas para entenderse. También Aznar sacó mucho partido a las leyes de acompañamiento de los presupuestos.

La cuestión no afecta al resultado. No es cierto, como protestaba la oposición, que se hurte al Parlamento el debate, prueba de ello fue el que tuvo lugar ayer en el Congreso y que nos brindó la que muy probablemente será la última actuación de Soraya Rodríguez como portavoz del PSOE. Tampoco es razonable la queja de que no se vayan a aceptar enmiendas. La vicepresidenta anunció que el Gobierno está dispuesto a tramitar este mercancías como un proyecto de ley, lo que tampoco va a garantizar nada. Que no se acepten enmiendas no depende de la tramitación, sino de la mayoría; «la cuestión está en saber quién manda aquí», le decía Humpty Dumpty a Alicia. Que Zapatero aceptara en mayo enmiendas de la oposición no era tanto expresión de su virtud, sino de la necesidad de sumar escaños nacionalistas (pagando, se entiende, pagando) para llegar a los 176.

Dicho lo cual y pese a la irrelevancia intrínseca del asunto, estas fantasías legislativas perjudican la imagen del sistema parlamentario. No tanto como el juez ponente de la sentencia que absolvía a los tipos que impidieron la entrada de los diputados catalanes al Parlament, les insultaron y les agredieron. El mérito de la sentencia de la AN es que se cargó de un plumazo la dignidad del poder legislativo y del judicial, no sólo ayuna de Derecho, sino ignorante del recto significado de las palabras. El Congreso se sumó a su propio descrédito, con las opiniones de dos genios favorables a la sentencia absolutoria: Cayo Largo (Caballero) y Eduardo Madina.

Lo especial de esta hora grave de crisis es que no sólo afecta al Gobierno, sino también y muy principalmente a una oposición repartida entre un PSOE que duda entre dejarse ir por el sumidero o, lo que viene a ser lo mismo, sumarse al resto de la izquierda para aceptar el liderazgo de un partido extraparlamentario que hoy pone la doctrina seguida mansamente por una parte considerable del rebaño estabulado en el Congreso, en el que dos actores principales, CiU e Izquierda Unida están en quiebra técnica. Hoy nos enteramos de que Kutxabank condonó a Unió 10 millones, al igual que hizo La Caixa con una deuda de seis del PSC en la era Montilla.

Mi querido Fidalgo lo explicaba ayer con admirable metáfora agropecuaria: «Se están corriendo las vallas del corral y no sabemos hacia dónde».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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