La primera en la frente

La victoria de Pedro Sánchez procuró cierta sensación de alivio a cuantos temían la victoria de Madina como una vuelta de la pesadilla Zapatero. Al primer tapón, zurrapas, que escribieron Quevedo y Tirso. Su primera iniciativa fue un calco de aquel primer domingo de Zapatero en la soledad de La Moncloa: «He dado orden al ministro de Defensa para que haga regresar las tropas españolas de Irak». Aún no había Gobierno ni Bono había tomado posesión del Ministerio con aquel circo de tres pistas que organizó para la ocasión.

Pedro Sánchez no era un presidente sin Gobierno; no tenía, por tanto, tropas que retirar. Sólo era un secretario sin Ejecutiva y sin despacho, pero animado de la misma voluntad de performances que su antecesor: en la vida partidaria, su primera decisión fue recibir a la jefa, a quien le debe mayormente el cargo. José Luis era más sutil: sus primeras entrevistas como presidente se las dio a El MUNDO y a la Cope, no a El País y la Ser, un suponer. En el ámbito internacional, Sánchez ordenó a sus europarlamentarios desvincularse del acuerdo do ut des por el que el PPE votaba al socialista Schulz como presidente de la Eurocámara y los socialdemócratas votaban al popularJuncker como presidente de la Comisión Europea. Habían pasado 24 horas de su elección cuando nuestro héroe, con nocturnidad y a través de Twitter, dio la vuelta al acuerdo.

Tal vez no se da cuenta del estropicio, que no es, como pudiera parecer, un agravio a los conservadores, sino a sus compañeros socialdemócratas. Si uno se pusiera en el pellejo de Schulz, pensaría: «Y estos 14 majaderos, ¿quién se creen que son para incumplir un compromiso de los socialistas europeos?». Cómo hacer amigos, lesson one. Luego están los argumentos. Nuestros europrogresistas han incurrido en esta pifia para no votar junto al PP, por lo que han coincidido con los parlamentarios de Marine Le Pen, los eurófobos de Nigel Farage y los Podemos, IU, ERC y por ahí. De paso, han recordado a toda Europa que no son gente fiable. Una exculpación parcial para Ramón Jáuregui, que mostró con bastante claridad su desacuerdo aunque, finalmente, votara con los demás.

Las tonterías nunca vienen solas. Su segunda decisión es anular el compromiso que los socialistas habían contraído entre sí para celebrar las primarias en noviembre. Se sabía que Susana, la jefa, no estaba por la labor. No sé si me siguen: como hizo campaña contra Juncker no se vota a Juncker; como había hecho campaña a favor de las primarias, no hay primarias.

Todo es coherencia. «Ningún calendario pasado puede condicionar el futuro», dijo el gran Tomás Gómez, inspirado en el Rufus T. Firefly de Sopa de Ganso. «Vamos con los asuntos viejos», decía Groucho a sus ministros.Cuando uno de ellos propuso hablar de aranceles, le denegó la palabra: «Ese es un asunto nuevo. ¿No hay asuntos viejos? ¡Hablemos entonces de los nuevos!», y cuando el ministro silenciado dijo: «Pues los aranceles…», Groucho lo calló definitivamente: «Lo siento, ese asunto ya es viejo».

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.