Se va, pero poco

La dimisión de Duran i Lleida ha sido la campanada del verano, una tormenta de pedrisco amable, un maremoto en un chupito de Aromas de Montserrat. Durante mucho tiempo tuve a este hombre por un político cabal, gente de palabra y buen parlamentario, lo que viene a ser una demostración palmaria de la capacidad de perseverar en el error que tenemos algunos.

Al tener noticia de su dimisión, uno tuvo una satisfacción de baja intensidad (15 voltios, aproximadamente) como la que siente cada vez que ve a un hombre público, entre su conciencia y el mando, opta por su conciencia, como cuando Jáuregui levantó la voz contra el primer disparate público de Sánchez, al negar el voto a Junckers. Tal como Jáuregui temía y yo avancé aquí mismo, el principal cabreo del PP europeo, sino el de los socialdemócratas alemanes: Schulz ya anunciado que no viene al Congreso del PSOE.

Pero estábamos en Duran y uno no ha tenido conocimiento de una personalidad tan repartida desde la Santísima Trinidad. Dimite como secretario general de CiU, pero no como presidente de Unió. Se va, pero poco. Él con Mas está bien y el motivo de su marcha es que «las circunstancias han cambiado». No ha dicho en qué, pero sí que no es por la consulta, de la que se confiesa partidario. ¿Quién tiene la culpa entonces? Seguramente Rajoy. Un bloguero con ingenio explicó una hace unos años la filosofía Tinell que puede subyacer en nuestro dimisionario: «Si me engañas una vez, la culpa es tuya, si me engañas dos veces, la culpa es mía; si me engañas tres, la culpa es el PP».

De ahí que nuestro héroe tampoco haya dimitido como portavoz de CiU en el Congreso de los Diputados, ni haya prendido fuego al pasaporte diplomático del Reino de España, al que tiene derecho en su condición de presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados, para ocupar un sitio de privilegio en la cola de los solicitantes del pasaporte de la República Catalana que ya estará preparando Carme Forcadell.

Duran es un hombre de convicciones. Siempre hay un nacionalista que salva la buena conciencia española sin mucho esfuerzo por su parte. «Menudo cabreo tiene Josu Bergara» (o Urkullu, o quien ustedes quieran), decían los bienpensantes cuando el delirio Ibarretxe. Luego se les veía como a Duran, asistir a las convocatorias aunque fuera en silla de ruedas (Diada de 2012).

Seguramente hay cálculo en este gesto nimio. Si Artur Mas fracasa una vez más, es bueno estar aparte, que no enfrente. Esa es la Tercera Vía de Duran i Lleida, no una equidistancia entre el presidente del Gobierno y el inquilino de la Generalitat. Tómenlo como un aviso desinteresado. En todo caso y si desean perseverar tomen nota de que Duran no será nadie si consiguen salvar de sí mismo –qué pasión tan inútil-a Artur Mas i Gavarró.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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