Qui ens roba?

Vivir para ver, ahora nos sale Jordi Pujol i Soley a cantar la gallina y resulta que sí, que lo que se contaba en este periódico sobre la extraña querencia de los patriotas por el exilio de sus cuentas bancarias era cierto y después de archivada la querella que costó informar del asunto, el protagonista principal de los hechos la confirma. Ayer mismo contó en un comunicado que la herencia de su padre, Florenci Pujol i Brugat, ha estado dulcemente reposando en una cuenta suiza desde 1980 hasta «hace unos días» en que sus hijos, los Pujol i Ferrusola, han regularizado el ludibrio.

«Hace unos días», dice, 34 años después de tener los dineros (tampoco dice cuántos) a buen recaudo. Debía de ser Florenci Pujol i Brugat un hombre muy cabal, a juzgar por el relato, aunque sea interesado, de su hijo Jordi. Una buena prueba de ello es que dejó la herencia, no a su hijo, sino a su nuera, Marta, y a los siete hijos que ella había tenido del padre de Cataluña «porque consideraba errónea y de incierto futuro mi opción por la política en lugar de seguir en el mundo de la actividad económica». ¿Qué iba a hacer? Los niños eran pequeños y luego su entrega a una misión como la de construir Cataluña, ahí es nada, una nació tan grande y él un hombre tan pequeño. Así que confió la gestión de aquella pasta a persona ajena en acto de íntima coherencia: la gestión del dinero en país ajeno también debe ser externalizada.

Treinta y cuatro años es mucho tiempo, dirán ustedes, pero depende de con qué lo comparemos. ¿Qué son al lado de los siete siglos largos de historia de la Generalitat? Un suspiro. Quizá por eso «nunca se encontró el momento adecuado para regularizar esta herencia». Hasta hace unos días, ya digo. Tampoco se agolparon ante Montoro, que ofreció una amnistía hace ya dos años, pero esto no es imputable al desinterés de los Pujol, sino a su carácter reflexivo y poco dado a la precipitación.

No tengo para olvidar cómo se creció el hombre cuando, ya propietario de un depósito de cuantía desconocida en Suiza desde hacía cuatro años y ante la curiosidad de la Fiscalía Anticorrupción por sus tejemanejes no muy claros en Banca Catalana, llamó a sus conciudadanos a defender a la patria atacada por los españoles: «Ara és l’hora, segadors». Y acudieron en masa: en las elecciones del 29 de abril, 1.346.729 votantes; en octubre, unos 200.000 manifestantes por la Rambla. Me pregunto si alguno de ellos se habrá arrepentido al leer hoy los periódicos. Qui ens roba?

Ya dijo aproximadamente el doctor Johnson que el patriotismo es el último refugio de los trapisondistas. Qué cuco este Pujol, que manera de impostar inocencia escarnecida en la Rambla, mientras tenía los dineros en Suiza. Era exactamente el cuco de Martín Fierro, «que en un lao pega los gritos/ y en otro pone los huevos».

Hace unos días me salió aquí una cita de Alberto Moravia sobre la familia como escuela de la delincuencia. Eso que el viejo descreído no conocía a los Pujol.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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