¿Vientos de cambio?

Considera Rajoy no sin razón que el panorama ante las próximas generales va a ser complicado, que el tiempo de las mayorías se acabó y que el PP deberá actuar con inteligencia, acercándose a UPyD. Conste que yo le avisé de esta posibilidad en los tiempos en que cargaba contra Rosa Díez con más inquina que contra cualquier otro portavoz en el Congreso: mire que el día de mañana puede necesitar esos votos y le saldrán más caros.

Sánchez se conforma con multiplicar sus declaraciones en borrador, a la espera de que se las maticen y achicar a Podemos el espacio para su programa. ¿Qué pueden decir Iglesias o Monedero si a él le sobra el Ministerio de Defensa?

El PSOE y el PP han sido incapaces a lo largo de los años de acordar políticas de Estado. Se han conformado con pactar alternativamente cuando les tocaba, con un nacionalismo cuya última razón de ser era la destrucción de España. Los chicos de Podemos, que lo saben, están sobrados. Dice su líder que en 2015 el PSOE tendrá dos opciones: apoyar a Rajoy como presidente del Gobierno o apoyarle a él. Cualquiera de las dos les conduce a su irrelevancia. El análisis no carece de racionalidad, aunque debería cumplirse un requisito previo: que la genialidad de Zapatero, apoyar al tercero para que desaloje al primero y sustituir a Revilluca en el ranking, es ya un vicio irrenunciable para los socialistas.

Podemos es nombre de inspiración chavista y sus dirigentes han asesorado a la revolución bolivariana. Los efectos pueden verse en los desabastecidos supermercados de Venezuela, el país más corrupto de toda Latinoamérica, según Transparencia Internacional.

Iglesias prefiere la propaganda a la educación, de ahí que colabore en la televisión pública de un régimen que ahorca a los homosexuales. Non olet dice Vespasiano Iglesias, que se conforma con que a él no le toquen el mensaje. De la revolución francesa admira la guillotina, no los eslóganes que 15 años antes había proclamado la revolución americana sin matanzas. Iglesias es un fulano de lágrima fácil, que diría Sabina. De ahí que él y Errejón se emocionen en Bolivia «hoy más justa y próspera porque su presidente se debe a su pueblo y no al FMI», dos meses después de que el régimen de Evo Morales se convirtiera en el único país del mundo que autoriza el trabajo de los niños a partir de los 10 años.

Quizá pequen de optimismo al considerar que unas europeas, un brindis al sol, son un ensayo general para las legislativas, que la gente va a ver en el telepredicador a un presidente del Gobierno, salvo que haya prendido en la sociedad española un afán colectivo de suicidio. Que también podría ser.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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