El benjamín de los Pujol

La lectura de los periódicos se está convirtiendo en un ejercicio agotador. Cada día un nuevo asunto de corrupción en las portadas: Anticorrupción investigando a Rato, Liechtenstein a Pujol o Júnior sacando de Andorra 2,4 millones tras su imputación. La juez Alaya aún no ha dado un titular esta semana sobre el putiferio de Andalucía, pero estará al caer. La corrupción es el más transversal de los valores que animan a la sociedad española. Ahí está para demostrarlo el hecho de que nuestro héroe del día, Oleguer Pujol, el pequeño de los siete cabritillos que crió Marta Ferrusola, tuviera por socio a Luis Iglesias, el yerno de Zaplana.

Oleguer es una muestra de eso que llamamos la juventud mejor preparada de la historia. Cuando lo de su padre en Banca Catalana, él iba al colegio, pero de siempre hemos sabido que la educación es una cuestión familiar en primera instancia. Los niños, ya se sabe, lo que ven en casa. Es lógico, por otra parte, que los más pequeños salgan más avisados, porque han recibido la enseñanza de los padres y, además, el ejemplo de sus hermanos mayores. Esta familia tiene ya cinco imputados de un total de nueve miembros, son mayoría. Sólo un dato: en 2007, año en que cumplió los 35, compró 1.152 oficinas del Banco Santander, por las que pagó 2.177 millones de euros desde distintos paraísos fiscales. Tal y como informó este periódico en su día, el domicilio del comprador era el de su padre, pero eso también es normal, ya se sabe lo que cuesta hoy en día que los hijos se te vayan de casa antes de cumplir 40.

Ayer se practicaron siete registros en las casas de Oleguer en Barcelona, Madrid, Valencia y Melilla por orden del juez Pedraz, que piensa que él era el encargado de lavar todo el dinero de la familia. Lo detuvieron para que no estorbara y no destruyera pruebas durante el registro, para ser puesto en libertad después con cargos por blanqueo y fraude. Él y su socio Iglesias tenían un botón del pánico en sus móviles que les permitía esconder en la nube sus archivos. Las detenciones de ambos impidieron que los usaran.

Al menos en la casa de Barcelona, los agentes de la Policía Judicial han usado perros especialmente adiestrados para detectar billetes. No es que desconfíe del método, pero tal vez habría sido más efectivo llevar a Pujol padre, que ayer debutaba como pensionista. Después de haber renunciado a la vitalicia de 86.400 euros anuales como ex presidente y tener que conformarse con 2.500 al mes tiene que estar con síndrome de abstinencia. Bastaría haberle llevado a la casa de Oleguer, ponerlo a recorrer estancias y pasillos y esperar a que se le disparase el tic para ponerse a escarbar allí.

La corrupción es un vicio transversal, ya está dicho y sólo se saca a la plaza pública si es para debilitar al adversario. Lo que hace admirable el caso de esta familia y sus simpatizantes es la gracia con que practican la alteridad: «Espanya ens roba!». Con la corrupción pasa algo parecido a lo que ocurre con la pornografía, que siempre es la de los otros. A la nuestra le llamamos erotismo.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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