Día negro

Uno recuerda una vaga simpatía por Acebes aquel día en que se convirtió en un personaje prometeico hace 10 años algo largos, un ministro del Interior desarbolado ante el atentado más cruento que registra la Historia de España y trataba de conjurar el pánico que sentía acercando los hechos a la interpretación que menos miedo le daba, sin dejar de hacer lo que probablemente no debe hacer nunca un ministro del Interior: evacuar los datos de que disponía a medida que le llegaban. Lo recuerdo muy bien porque aquella tarde del 11 de marzo de hace 10 años, la mayor parte de los columnistas que conozco tuvimos que cambiar el argumento porque nos habían cambiado los hechos.

Diez años después, Ángel Acebes comparecía ante el juez PabloRuz por dos cuestiones: la primera, la presunta compra de acciones de Libertad Digital con dinero negro del PP, tal como se malicia el instructor. De hecho, según le dijo al juez, ni siquiera conocía la existencia de una caja B.

A la segunda, referente a las obras en la sede del PP, volvió a dar una respuesta análoga: no era un asunto de su competencia, sino del tesorero Lapuerta, que no dependía de él, sino del Comité Ejecutivo del partido, lo que supone una delegación de responsabilidad en la instancia más alta: si él no entendía de los asuntos del tesorero, la responsabilidad era del Comité Ejecutivo en su conjunto y, de manera señalada, de su presidente. Por otra parte, es cierto que el secretario general en los partidos de derechas no es el mismo cargo que en los de izquierdas, en los que es el dirigente máximo. Sin embargo, no es fácil imaginar que el secretario general esté al margen de las andanzas del tesorero del partido.

Hubo uno de esos instantes con que sueña todo guionista de un trial: el momento en que el juez le pregunta si conoce a otro imputado, el arquitecto Gonzalo Urquijo, y él dice que no, negativa que aprovecha el juez para mostrarle una foto en la que ambos se estrechan la mano ante Rajoy. Puede que respondiera la verdad, que la foto fuera de un festejo navideño en el que se da la mano a mucha gente. Puede que Gonzalo Urquijo fuera un fanático del selfie, modelo pequeño Nicolás, y aprovechara para codearse, pero hay algo que no cuadra bien en el asunto y que le va a dar algún quebradero de cabeza que otro en el futuro.

De momento, Mariano Rajoy ha seguido la senda de la vergüenza (ajena) por la que ayer transitó Esperanza Aguirre tras la detención de Granados, en un día negro para el PP. Apenas había expulsado a Rato cuando llega la imputación de Acebes. Aquél fue un cargo más importante quizá que Acebes, pero éste va a suponer un golpe más duro a la moral de los afiliados. Frente a la altivez de Rato, el ex secretario general era un hombre más cercano a la militancia, más cálido en el trato. La competencia, más adanista que nunca, no se hace cargo de las fechorías de sus mayores; en Andalucía, un suponer, dos ex presidentes del partido. O tal vez Sánchez haya visto una ventaja doble en el asunto. Es Susana la que tiene por qué callar.

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.