El acierto de Susana

Las declaraciones de Susana Díaz tienen siempre un carácter entreverado y ambiguo. Ayer, dio una lección magistral de alteridad, al decir que, en punto a corrupción, «Andalucía no es Madrid ni Valencia, aquí no voy a permitir eso». Pero hombre, mujer, Susana, que «Andalucía es la tierra/ del vino y del aguardiente,/ de las mujeres bonitas/ y de los hombres valientes», como cantaba Manolo Escobar hace siglos. Mira que pastoreas el partido de los ERE y los cursos de Formación, asuntos éstos que cuantitativamente multiplican por 10 cualquier otro caso de corrupción.

Sin embargo, hay que decir en su favor que, amén de lo transcrito, que es marca de la casa, dice algunas otras cosas que no dice la dirección nacional de su partido. A saber: que cualquier persona que resulte imputada por el Supremo o por el Tribunal Superior de Andalucía «va a tener que dejar el escaño». Preguntada por si se refería a Chaves y Griñán, cuyos nombres están escritos temblando en un papel, dijo: «Me estoy refiriendo a todos».

Lo nunca oído. Los dirigentes del PSOE, señaladamente Sánchez y Luena, venían haciendo como la ranita del chiste cuando el rey de la selva se quejaba del bicho verde, cuyo croar le impedía dormir por las noches: «Menuda bronca le está echando el león al cocodrilo». Los citados han sido los presidentes del PSOE desde que murió el bueno de Ramón Rubial, hace 15 años, hasta el Congreso del pasado mes de julio.

Susana ha ido más lejos que ningún otro dirigente de su partido respecto a los imputables propios, y tal vez ésta sea una señal de que los tiempos están cambiando, como cantaba Bob Dylan. Hubo un tiempo en que la corrupción estaba mejor vista, especialmente si era lo que podríamos llamar una corrupción desinteresada desde el punto de vista personal, la practicada por lo que podríamos llamar patriotismo de partido. Recordarán el caso Filesa, del que salieron con variadas condenas algunos cualificados socialistas, como Luis Oliveró, Alberto Flores, Aída Álvarez y Josep María Sala. Éste último fue elegido miembro de la Ejecutiva del PSC en el X Congreso (julio de 2004). Montilla quiso que volviera por la puerta grande y lo hizo. Fue el miembro de la Ejecutiva más votado y el más aplaudido del Congreso, con todos los delegados puestos en pie, circunstancias que se repitieron en el cónclave de 2008. Tal como escribía El País: «A Sala se le considera un hombre íntegro que tropezó con la Justicia por servir al partido». Naturalmente, se le encargó la Secretaría de Formación.

Los años han demostrado que las razones altruistas eran meras coartadas la mayor parte de las veces, que toda corrupción ha estado regida por el patrón de la familia Pujol y que el destino prioritario de los fondos públicos eran los bolsillos del patriota, tal como imaginaba certeramente Samuel Johnson ya en el siglo XVIII.

Sánchez debería encerrarse con Susana Díaz para que ésta le explicara ese aspecto de sus declaraciones. Y luego, llamar a Rajoy para ver si a éste se le ocurre algo a propósito de Sonia Castedo.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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