Esa cosa con plumas

«Pase lo que pase hoy, ya hemos ganado», dijo ayer por la mañana la presidenta de la ANC. Tenía razón. Lo que importa a los secesionistas, aunque el presidente Rajoy no parezca entenderlo, no es la validez jurídica de la Mas-carada. Lo que querían era plantear un desafío al Estado. Y lo consumaron sin que pasara nada.

En una de sus ensoñaciones, Artur Mas se vio a sí mismo ante el espejo como Ulises. Sí lo recuerda en la cueva de Polifemo, gran metáfora de España, por más que sea Oriol Junqueras el español que más se parece al cíclope.

Artur Mas se ha llamado Nadie en los momentos clave del proceso. Nadie ha convocado el referéndum, Nadie elaboró el censo, Nadie encargó las urnas, Nadie ordenó abrir los institutos, Nadie movilizó a los Mossos. El referéndum se autoconvocó, las urnas y el censo se hicieron a sí mismos, los centros públicos se abrieron por sí solos y los policías autonómicos se negaron ayer a identificar a los responsables de las llaves. La Fiscalía de la Isla de los Cíclopes no había podido investigar la autoría de todo aquello por si pudiera ser constitutivo de delito hasta ayer mismo.

Ulises Mas les sacó de dudas a mediodía. Al igual que su tocayo, que gritaba al cíclope ciego, ya desde su barco: «Cuando te pregunten, di que he sido yo, Ulises, rey de Ítaca», Mas dijo después de haber votado, con una expresión algo más simple: «El responsable soy yo y mi Gobierno». Normal, téngase en cuenta que el Homero de esta Odisea es Pilar Rahola.

El reto al Estado se consumó ayer, qué importa el porcentaje de participación ni el de votos afirmativos. Sacaron las urnas, emplearon locales públicos, movilizaron a 6.992 mossos y a 7.000 funcionarios, amén de gastar en todo ello una cantidad de dinero que se niegan a detallar. Hay indicios de que se han perpetrado tres delitos: malversación, desobediencia y prevaricación. El representante ordinario del Estado en Cataluña ha asumido su autoría, ha confesado ser el responsable y el Gobierno de España no ha hecho nada. Sólo UPyD, cinco diputados, se ha ocupado de denunciar a Mas (dos veces, la primera hace más de un mes), pidiendo la suspensión cautelar del 9-N. La Fiscalía y los jueces pensaron ayer que a buenas horas, sin sospechar que las medidas se pueden tomar antes de que fueran desproporcionadas.

Ayer no hubo Estado en Cataluña. A partir de hoy seguirán exigiendo referéndum, pero con su poquito de cachondeo y su sonrisita diferencial. Urkullu y los suyos han visto que sí se puede y se han puesto a la cola. «Así es como termina el mundo», escribió Elliot, «no con una explosión / sino con un suspiro». El Estado fue ayer esa cosa con plumas que no era la esperanza de Emily Dickinson ni el sobrino de Woody Allen. Ibarretxe y Zapatero, qué par de estadistas.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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