Entre el atún y el duque

Uno de los momentos estelares, no diré de la historia de la humanidad, pero sí de nuestras costumbres y del partido que nos gobierna, se produjo la semana pasada en Cáceres, cuando el PP celebraba sus Jornadas sobre Estabilidad y Buen Gobierno y le sacaron al anfitrión los 32 viajes que en su época de senador hizo a Tenerife con cargo a la Cámara Alta. Al parecer, en dicha ciudad vivía una mujer con la que José Antonio Monago mantuvo relación de pareja durante dos años y medio.

El presidente extremeño dio en un corto espacio de tiempo tres versiones que, en un principio, parecen contradictorias: «Yo he ido a Canarias a trabajar», «mis viajes privados me los he pagado yo» y «voy a devolver hasta el último céntimo». Pero no son tan incompatibles como pudieran parecer: puede que mantuviera reuniones de trabajo con responsables políticos insulares. Si al terminar la jornada aprovechaba para cortejar a su amada, no hay mayor inconveniente.

La decisión de devolver hasta el último céntimo sí es una rectificación de la afirmación anterior y revela que para tener la fiesta en paz está dispuesto a devolver el importe de los viajes que el Senado le pagó.

Ha dicho el portavoz del PP en el Congreso: «Tengo que confiar en la responsabilidad de los diputados, esto no es un colegio y tienen que actuar con responsabilidad». Tiene razón Alfonso Alonso y carece de sentido armar escandalera por gastos de viajes que eran perfectamente legales cuando se devengaron. Otra cosa es que en tiempos de crisis y casos de corrupción se quiera acotar los gastos para lo porvenir.

Recuerden que en abril de 2013 se produjo en Vizcaya la inauguración de la planta de coque de Petronor –la mayor inversión industrial de la historia de Euskadi– y el lehendakari se ausentó por razones personales a un evento de conciliación familiar que se celebró en tierras gaditanas. Además de soslayar su obligación, incurrió en gasto de dinero público. Si aceptamos esto, debemos aceptar los viajes del entonces senador Monago a conciliar con quien entonces era su pareja. En octubre de 2012 –durante la negociación de los Presupuestos– el diputado Toni Cantó renunció a las dietas que cobran todos los diputados de provincias aunque tuvieran casa en Madrid. Su ejemplo no fue muy seguido por otros en su misma situación.

Deberíamos empezar por lo sencillo: distinguir lo legal de lo que no lo es y, ya después, ver si hay que establecer un nuevo paradigma de la decencia pública y la transparencia en comportamientos que, admitidos y admisibles en época de abundancia, no lo son en época de crisis y austeridad obligada. A tono con la nueva sensibilidad, es hora de que renuncien a sus dietas todos los demás y nos ahorren 800.000 euros. De análoga manera, defínanse en buena hora los supuestos que permiten los viajes de sus señorías, pero es cuestión muy difícil establecer causalidad. Nunca hay un solo móvil para una acción humana. ¿A qué se iba a Sanlúcar, localidad cercana a la elegida por el lehendakari para su conciliación? Pues a por atún y a ver al duque, naturalmente.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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