¿La ley no?

Parece que la confusión ambiental ha alcanzado a la propia Fiscalía. No es de extrañar. Los fiscales se mueven entre la afirmación presidencial de no tener arte ni parte en sus decisiones, la reivindicación implícita en el anuncio de Sánchez Camacho–que dice ser ella la autora del impulso– y un sorprendente Young Sánchez negando a los fiscales papel alguno en unos presuntos delitos que, al parecer, tienen remedio con bálsamo federal. Uno lo comprende, especialmente después de que el Supremo decidiera encausar ayer a dos presidentes de la Junta de Andalucía, Chaves y Griñán, que también lo fueron del PSOE.

Tras la mas-carada del 9-N, nos han inundado con versiones pintorescas de los hechos. Rajoy planteaba la proporcionalidad de no haber hecho nada, como si el referéndum hubiera estallado por sorpresa el domingo 9 a las 9 de la mañana, y el remedio fuera meter los tanques en la Diagonal. Lo cierto es que Mas había anunciado la fecha y las preguntas 11 meses antes, el 12 de diciembre de 2013. Para el cumplimiento de la ley, el Estado no sólo dispone de capacidad represiva, sino también –y fundamentalmente– de capacidad disuasoria.

Todo el mundo usa razonamientos apodícticos no contrastados por hechos. No me compararán a los pequeños burgueses de CiU y su Braveheart con aquellos batasunos de antaño, cómplices morales y políticos de una banda terrorista. El más feroche de toda su tropa, el tipo de la sandalia, no era más que el chófer de Arnaldo Otegi cuando el batasuno iba a Barcelona.

He visto cosas que vosotros no creeríais: el procesamiento de los miembros de la Mesa Nacional de HB por ceder a ETA su espacio electoral en febrero de 1996, su condena a siete años y una huelga general que no movilizó a nadie. Las hemerotecas están llenas de análisis catastrofistas sobre la ilegalización de Batasuna, algo que finalmente hizo el Supremo en marzo de 2003 sin que ocurriera nada. ¿Por qué la aplicación de la ley había de provocar una eclosión de voluntades independentistas?

¿Por qué la ley no? La experiencia revela a menudo sus dotes apaciguadoras. Es la impunidad de quien la viola lo que multiplica a sus seguidores. ¿Por qué cree Mas que sería un escándalo internacional su procesamiento? El lehendakari Ibarretxe se sentó en el banquillo ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. Y no pasó nada. Un presidente del Parlamento vasco, Atutxa, fue juzgado y condenado a inhabilitación por un delito análogo al que ha podido cometer él. Y no pasó nada.

¿Está Mas preparado para afrontar un viacrucis? Su biógrafa, Pilar Rahola, invocaba gozosa en un cartel la palma del martirio: «Viurem lliure o morirem». Ganas de disparatar. En Annie Hall, Woody Allen llevaba a Diane Keaton ver La pena y la piedad, un documental sobre el nazismo. Annie le dice conmovida: «A veces me pregunto si yo sería capaz de resistir la tortura». «¿Tú?», le responde Alvy, «¿hablas en serio? En cuanto la Gestapo te quitase la tarjeta de Bloomingdale’s, lo confesarías todo».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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