La declaración de Zaragoza

Los socialistas aprobaron ayer una declaración en Zaragoza, lo que no sé yo si trae buenos augurios. En agosto de 2003, el entonces secretario general reunió a los suyos en Santillana del Mar para plantearse qué era España, La España plural. Fue la declaración de Santillana. Diez años después, Rubalcaba convocó una reunión en Granada, donde él y los suyos aprobaron un documento, la declaración de Granada, que se llamó La España de todos.

Hay en esas tres declaraciones un propósito común, escenificar un acuerdo entre el PSOE y el PSC, y propuestas de siempre, como la conversión del Senado en una Cámara territorial, lo que no dio pasos significativos en los 14 años de Gobierno de González ni en los ocho de Zapatero. La declaración de Granada incluía ya una propuesta federal que es objetivo fundamental del documento aprobado ayer en Zaragoza: «transformar la España autonómica en la España federal».

La declaración no detalla mucho la reforma, aunque sí los pormenores procedimentales: crear una subcomisión dentro de la Comisión Constitucional, Conferencia de Presidentes, comparecencia de expertos, petición de informes a los órganos constitucionales implicados, a las comunidades autónomas y a las ciudades con Estatuto de Autonomía.

No explican el fondo de la propuesta porque eso sería condenarla al fracaso. Puede que las subcomisiones creen un clima propicio a ablandar inmovilismos, pero sería interesante que Sánchez explicara el qué en lugar del cómo, que transcribiera el texto constitucional y al lado, el articulado alternativo que se defiende; sin olvidar las disposiciones adicionales, naturalmente. No es imaginable una reforma que concitara tanto acuerdo como la del 78: en Cataluña un 91%, no digo más. ¿Por qué cree Sánchez que la reforma iba a calmar a ese 30% que sufre la comezón secesionista? Y no sólo en Cataluña, sino en España entera.

Hay algo de brindis al sol en invocaciones a la igualdad y a la no discriminación que son compatibilizadas con la defensa de la singularidad y los hechos diferenciales, lo que viene a ser un reformulación de aquel vistoso oxímoron que tanto le gustaba a Maragall: el federalismo asimétrico.

Si hay dos condiciones básicas en un sistema federal son la igualdad y la lealtad. Por mucho que haya progresado el lenguaje creativo, la igualdad y el privilegio financiero de las comunidades forales no son sinónimos. ¿Se imaginan a un presidente de un land alemán anunciando su propósito de «engañar al Estado»? Menos aún que negociara con los dos principales partidos del Bundestag una martingala como la del 9-N, con promesa de dejar la organización de la consulta en particulares, para que el negociador de Unió filtrara el asunto la víspera y el president lo reivindicara como propio el día de autos, añadiendo a la ilegalidad un poquito de humillación y cachondeo.

En Alemania considerarían un botarate a un político como éste. Tampoco es imaginable que un canciller y el jefe de la oposición fueran engañados por alguien así, pero en fin, no seré yo quien renuncie a los hechos –y a los políticos– diferenciales. Es lo que hay.

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.