Menos da una piedra

La de Ana Mato era la cabeza del Bautista, la pieza que daba sentido y orden a la comparecencia del presidente. Es más fácil hacerse cargo de las razones de Rajoy para moverla al cese que las que le llevaron a firmar su nombramiento y a sostenerla mientras todos los sondeos se hacían eco de su escasa capacidad para transmitir las bondades de su gestión a la opinión pública.

Hay una clase de mujeres que no se enteran de cuáles son las fuentes de la prosperidad en las que beben. Son nuestras Blue Jasmine, una mujer de la buena sociedad neoyorquina a quien se le abre el suelo bajo sus pies cuando su marido es detenido por fraude.

Las mujeres de algunos hombres de negocios están muy expuestas. Tienen que organizar fiestas encantadoras, ser anfitrionas magníficas y guapas y hay quien quiere que, además, se preocupen por la legitimidad del dinero que financia esos momentos de gloria. No estaban preparadas psicológicamente para desconfiar de un marido que, lejos ya los tiempos de la pasión, las tratan como a reinas y les dan todos los caprichos.

Blue Jasmine y la Infanta Cristina firmaron los papeles que les pusieron ellos. Ana Mato no llegó a firmar, por lo que Ruz no le imputa la comisión de los mismos delitos que a su entonces cónyuge, pero considera que ella fue partícipe «a título lucrativo», que no siendo cómplice se benefició del tema: viajes, hoteles, los cumpleaños de los niños, el cañón de confeti, el ya famoso Jaguaren el garaje y el bolso de Louis Vuitton, que es la especie bajo la que comulgan las señoras bien en el sacramento de la corrupción. Lo primero que llama la atención en Blue Jasmine es su viaje a San Francisco con dos maletas Vuitton para buscar refugio en el barrio modesto en el que vive su hermana Ginger y su novio menestral.

Rajoy hizo una intervención razonable en la que no citó a su ya ex ministra de Sanidad, a la que Ruz ha reprochado el mismo título lucrativo que al PP. Expuso las medidas regeneratrices de los dos proyectos de ley que el Gobierno aprobó hace nueve meses. No están mal. Atañen al funcionamiento y financiación de los partidos y las fundaciones con ellos relacionadas; fiscalización, regulación y control de retribuciones, control de incompatibilidades y conflictos de intereses, medidas penales y reforma del sector público y de la ley de contratos.

No satisfizo a la oposición, que le reprochó la tardanza de las medidas, seguramente con razón –aunque más vale tarde–, y todos los portavoces, salvo Rosa Díez, tenían algún muerto con distinto grado de descomposición en sus armarios. Jordi Jané podría aportar experiencias del fundador de su partido, y Snchz, que es nuevo, podría llamar a su lado a Montilla para que asesore sobre la condonación de las deudas por las entidades financieras.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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