Mientras Podemos

Podemos navega con el viento a favor de las encuestas. Lo que se desprende del sondeo de Sigma Dos corona la tendencia: sería el partido más votado, con el 28,3% de los votos, con dos puntos de ventaja sobre el PP y más de ocho sobre el PSOE. El Navarrómetro que elabora el Parlamento navarro anunciaba muy parecido resultado, aunque en unas circunstancias aún más difíciles, rozando el inverosímil: encaramarse de la nada a la primera posición, sin tener líderes, ni cabeza de cartel, ni foto para orientar a los votantes menos despiertos.

Unos resultados electorales como los descritos harían muy complicada la formación de Gobierno, con sólo dos alternativas que ya habían sido pronosticadas por Iglesias hace mes y medio: «El PSOE tendrá que elegir entre hacer presidente a Rajoy o a mí. Si apoyan a Rajoy, será su perdición. Y si me apoyan a mí, también será su perdición. El PSOE se convertiría, eligiera lo que eligiera, en el Pasok». Antes, Nicolás Redondo, había advertido a sus compañeros del peligro: «Si jugamos a Podemos, gana Podemos».

El sondeo apunta a una causa clara: la falta de actuación de los dos grandes partidos ante la corrupción. Alrededor del 85% de los ciudadanos desaprueba su reacción ante los casos de corrupción que les afectan, aunque en el caso de los partidos pequeños, IU y UPyD no bajan del 70% en la desaprobación ciudadana, a pesar de que el partido de Rosa Díez ha llevado a los tribunales el caso Bankia y puede presumir de ser, rara avis, un partido sin imputados en sus filas.

Claro que una presentación tan irreprochable se vio deslucida por el número dos del partido este verano, al acusar de «corrupto 100%» al candidato que habían presentado cinco meses antes como cabeza de lista al Parlamento europeo. La acusación no dejaba en buen lugar a un partido que presume de ser herramienta eficaz contra la corrupción.

Se había librado Podemos, que no ha tocado poder en institución alguna, ni siquiera una concejalía. Sin embargo, la beca que el colega Alberto Montero, de la Universidad de Málaga, cuadró a la medida de Íñigo Errejón (se requiere doctor en Ciencias Políticas para investigar sobre el mercado de la Vivienda en Andalucía) viene a retratar el mismo problema en este reducto de la casta universitaria. Por no hablar de la productora audiovisual de Iglesias, Producciones con mano izquierda, disfrazada de asociación sin ánimo de lucro para obtener ventajas fiscales. Al primer tapón, dos veces zurrapas.

La fábrica de Seat en Martorell no tiene encargo de modelos nuevos para el futuro, la legendaria timidez keynesiana del millón de dólares, que por fin puede optar entre perderse en una Cataluña independiente o en una España gobernada por la castita de la Complutense. Queridas, queridos, tenemos que disfrutar mientras Podemos.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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