Un don nadie

No hay cosa que entretenga más al pueblo llano que saber cuánto ganan los que mandan. Todos sabíamos que el seleccionador nacional de fútbol ganaba más que el presidente del Gobierno (2,5 millones contra 78.000), aunque no sabíamos que la diferencia era de 32 a 1. Es una diferencia salarial que desafía el igualitarismo de Podemos (20 veces el salario mínimo). Esto ha sido así y a este noble pueblo le parecía el orden natural de las cosas. La responsabilidad sobre los asuntos más importantes tiene que estar más retribuida.

El asunto es que la desigualdad es escandalosa dentro de la propia Administración: hay 264 altos cargos que cobran más que el presidente del Ejecutivo y eso constituye un disparate conceptual y jerárquico. Secretarios de Estado, secretarios generales, subsecretarios y algún director general tienen retribuciones más elevadas que Rajoy. Estas cosas subvierten el sentido de la jerarquía de las madres: «Pues será presidente, pero el que gana bien es mi hijo, que es su jefe de Gabinete».

No es razonable. Cualquier directivo de empresa gana más que Rajoy. Acabarán diciendo que el presidente es un don nadie. ¿Y además dicen que es vago? No le veo arreglo. El líder de la oposición ha venido a proponer una solución salomónica: que los altos cargos, a quienes nadie conoce por la calle, se bajen el sueldo. Uno no acaba de ver el criterio de la popularidad: ningún secretario de Estado, algunos ministros o el propio Young Sánchez seguramente no puedan comparar su grado de conocimiento con Belén Esteban, la monja Caram y demás princesas de la telebasura.

A nadie se le ocurriría sugerir una actualización salarial del presidente y la vicepresidenta, cuyas retribuciones son ridículas, pero el pueblo es igualitario. La primera vez que Rajoy fue a aquel programa televisivo de Tengo una pregunta para usted, una señora –pueblo en estado puro– interpeló al entonces jefe de la oposición para establecer una comparación socioeconómica inapelable: «¿Cuánto gana usted? Porque yo tengo una pensión (no contributiva) de 300 euros». Ahora bien, Sánchez debe imaginarse como presidente, diciéndole al presidente de la Sepi: «A partir de ahora vas a cobrar el 33% de lo que solías». Este pueblo a noble y tenaz, lo que le pidas, pero tiene también un acendrado sentido religioso y es muy devoto de santa Rita Rita.

El problema es que la vida institucional no tiene que ver con la real. Yo vi nacer la autonomía vasca. Aquellos consejeros (Mario Fernández, Pedro Luis Uriarte y otros) dejaron de ganar dinero para servir al partido, a la patria o vaya usted a saber. Hemos acabado en la horizontalidad ramplona: lo que va quedando mataría por el cargo y todo se iguala por abajo. En cierto modo le pasaba a Katharine Hepburn cuando conoció a Spencer Tracy, a punto de rodar La mujer del año. «Señor Tracy, es usted más bajo de lo que yo creía», le dijo ella en plan borde. Mankiewicz, que era el productor y los acababa de presentar, dijo: «No te preocupes Kate. Él te pondrá a su nivel».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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