Justo el resultado

Mas y Urkullu se reunieron el Día de los Inocentes por la mañana para hablar de sus cosas y acusar a Rajoy de «romper unilateralmente los consensos políticos básicos que se habían alcanzado hace tres décadas». Tiene cojones, Romanones, hace falta una cara de cemento para soltar esa frase de un tirón sin que se te salten los puntos.

¿Qué consensos políticos se alcanzaron hace 30 años? En octubre de 1984 fue cuando el antecesor inmediato del Astut Mas, el no menos ‘Astut Pujol’, echó a sus huestes a las Ramblas para defender su derecho a saquear la Banca Catalana, según creencia de la Fiscalía. Ahí debió de haber consenso, sí, porque el Gobierno socialista se la envainó y aceptó (al igual que después hizo el PP) el apoyo de Pujol a los Presupuestos a cambio de hacerse el distraído sobre las habilidades financieras del Honorable. Hay que joderse lo que aguanta el diccionario.

Hay otras posibilidades. Mas y Urkullu estuvieron reunidos dos horas hablando en la lengua extraña o erdera, para irse por la tarde al fútbol. Pese a que el equipo local, que jugó de rojo, blanco y verde, haciendo juego con los colores de las luces de San Mamés y con los de las flores que el consejero de Salud, Jon Darpón, ordenó plantar en los jardines de un edificio de su competencia, tras haber arrancado los tulipanes rojos y amarillos que se encontró. Si Darpón hubiera sido algo más listo y practicara el sectarismo más a medio o largo plazo, habría dejado las cosas tal cual para llevar a Mas el domingo por la mañana y decirle: «Mira, president, aquí pensamos mucho en Catalunya».

Lo de San Mamés también estuvo bien, con los tricolores de casa aguantando una pancarta en inglés, el idioma que no hablan en absoluto, con el mismo texto que los visitantes mostraban en catalán: One country, one team; Una nació, una selecció. Tras aquellas pancartas, se alinearon el domingo una docena de futbolistas que habían sido llamados por el seleccionador para fomar parte de la Española, y no la de Merimée: I. Martínez, Iturraspe, Aduriz, Beñat, Susaeta y San José, por el equipo vasco; y por el catalán, Bartra, Piqué, Xavi, Alba, Busquets y Deulofeu.

Una nación, una selección, proclaman las criaturas sin dar una explicación de por qué ellos se empeñan en jugar en dos. «No se lo tome como cosa personal, don Vicente», podría decirle Gerard Piqué a Del Bosque, «pero es que he contraído un compromiso político y moral con Cataluña que se resume en el eslogan de la pancarta». Y luego ya, en plan de chiudere in bellezza, rematar con un par de pertinentes versos de Neruda, aunque no creo yo que pertenezcan al acervo cultural de Piqué (ni al de Shakira): «Tengo un pacto de amor con la hermosura,/ tengo un pacto de sangre con mi pueblo».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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