Pascua de salida

La Navidad es un tiempo comprendido entre la lotería que lleva su nombre y la del Niño, el interludio entre dos discursos: entre el mensaje del Jefe del Estado a todos los españoles (y las españolas, naturalmente) por Nochebuena, y el que remata este lamentable trámite en la mañana de Reyes (y Reinas) ante una representación muy cualificada de las Fuerzas Armadas en la Pascua Militar.

La fiesta navideña de los ejércitos tenía dos novedades: la del protagonista y la recuperación de la liturgia tradicional, después de la versión abreviada de las últimas ediciones por la pérdida de movilidad del anterior jefe supremo.

Felipe VI comenzó recordando su proclamación, hecho al que vinculó su asunción «del empleo de capitán general del Ejército de Tierra, de la Armada y del Ejército del Aire como Mando Supremo de nuestras FAS», hecho éste de evidente importancia en la familia militar. Mi amigo Ángel, que es general de brigada –el único de mi cuadrilla adolescente que ha llegado a algo de fuste–, lo felicitó en aquellas fechas con la sobriedad y el laconismo propios del oficio: «Enhorabuena por el ascenso, mi general».

En la intervención del ministro de Defensa apuntó una reivindicación muy sentida entre las FAS, paganas cualificadas y sufridas de la crisis y los recortes, en unos tiempos en que la Seguridad corre riesgos que son evidentes en las portadas de los diarios y en los primeros minutos de los telediarios. Tenía razón Morenés al señalar que la presencia en el exterior es un fenómeno perfectamente asumido por la sociedad española, como demuestra la aprobación muy mayoritaria por el Congreso de las nuevas misiones en Irak y Afganistán.

Hubo una época en que estas misiones no suscitaban unanimidad. Recuérdense los tiempos del No a la guerra, la foto de las Azores y «Aznar nos metió en la Guerra de Irak», que el PSOE convirtió en lemas de campaña. Sin embargo, era una falacia. Después de siete años y medio de Gobierno, la página web del Ministerio de Defensa que regentaba Carme Chacón englobaba todas las actuaciones de las tropas españolas en Irak, desde el buque hospital enviado por Aznar, que llegó a su destino tras la caída de Sadam Husein, hasta el regreso de las tropas ordenado por Zapatero bajo el epígrafe: «Misiones de Paz en Asia». Tengo prueba documental.

No hubo en el mensaje del Rey ni en el de Morenés alusión alguna a la unidad de España como problema, señal evidente de que no es considerado como tal y así lo acredita el seguimiento del discurso que el 30 de diciembre pronunció el campeón del secesionismo catalán, Artur Mas, y el de Don Felipe en Nochebuena. El del Rey fue seguido por más del doble de los catalanes que el de Mas. Mientras el Monarca superaba en casi 24 puntos el share de su padre en la Nochebuena de 2013, Mas perdió 2,5 puntos con respecto a sí mismo. En Euskadi, el número de vascos que siguieron el mensaje del Rey de España fue cinco veces superior al que siguió el del lehendakari Urkullu en Nochevieja. Y sólo en cadenas españolas.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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