Gesta en Andorra

Han tenido que pasar 38 años desde las primeras elecciones para que un presidente español haya girado visita oficial a Andorra. Ayer, acompañado por su ministro Montoro, Mariano Rajoy hizo lo que no habían hecho sus predecesores: Suárez, Calvo-Sotelo, Felipe González, Aznar ni Zapatero.

Después de ver los resultados del viaje, se comprende que ninguno de los citados lo hubiera hecho antes. Sus razones las explicaba con mucha claridad un sketch de Cruz y Raya: «Si no es por no ir, que si hay que ir, se va, pero ir pa’ ná es tontería».

Era ir pa’ ná. Rajoy fue, charló con su homólogo andorrano, Antoni Martí y, como en el famoso estrambote de Cervantes, «miró al soslayo, fuese y no hubo nada». A ver, que su anfitrión estaba por la labor de colaborar para prevenir el fraude fiscal. De hecho, nuestro ministro de Hacienda firmó con el Montoro andorrano un convenio para el intercambio de información fiscal. Sin embargo, el presidente del Principado no quiere precipitarse desde el principio –tomen nota de la aliteración– y ha pedido tiempo, hasta 2018, para aplicar en su totalidad un convenio, sujeto, además, a otra condición: que lo haga todo el mundo al mismo tiempo; la Isla de Man, pongamos por caso.

Martí negó que la Justicia andorrana haya puesto obstáculos en el caso Pujol. Otra cosa debe de ser que Pujol y su wild bunch familiar hayan tenido en Andorra su Hole in the Wall particular. Dirán ustedes que don Pujolone no se parecía en nada a Robert LeRoy Parker, más conocido como Butch Cassidy, pero ya saben lo que pasa con el cine: embellece mucho a los delincuentes que retrata. Cuando se haga una película catalana sobre el tema, a Pujol lo va a interpretar Joel Joan.

El presidente español también se ha puesto en perfil egipcio durante la conferencia de prensa: «Yo no he venido aquí a hablar de personas», cuando todo el mundo sabe que todos los relatos pierden mucho si se les quitan los nombres propios. Todo esto sucede a menos de 20 días del momento en que el jefe de la Famiglia (© Boadella) deba comparecer en calidad de imputado ante el TSJC para explicar que mantuvo escondidos en su Hole in the Wall varios millones de euros durante 34 años; ya saben, la vieja y rancia milonga de la herencia de Florenci (hay días en que las aliteraciones salen solas). Y ahora resulta que el viejo Pujol sólo le había dejado –lo dice el testamento– 13 millones de pesetas, aproximadamente lo mismo que dejó el mío, aunque debo hacer constar en su favor que papá sólo era electricista y, quizá por eso, lo hizo en Burgos, no en Suiza ni en Andorra. En el testamento no hay una palabra sobre los más de cuatro millones que Florenci dejó a su nuera y a sus nietos, según la versión que conocimos aquella tarde de Santiago.

Los abogados no explican de dónde sale la pasta, pero eso sólo demuestra que no son gente de recursos. Qué banalidad acogerse al trato dado a Botín, cuando podían haber explicado el enriquecimiento con dos precedentes bíblicos: el maná y la multiplicación de los panes y los peces.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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