¿A qué las prisas?

Como saben ustedes, y si no, para eso estamos, la Sala Primera de lo Penal de la Audiencia Nacional excarceló el pasado 4 de diciembre a los terroristas Plazaola y ‘Santi Potros’. Potros, que fue responsable militar de la banda terrorista hasta su detención en octubre de 1987, es el apodo de Arrospide Sarasola, y en euskera quiere decir testes, aunque dada la gran polisemia del término coleo, coleonis, al que Cela dedicó un tomo entero de su Diccionario Secreto, habrá que precisar que su significado no guarda relación con la acepción que residencia el valor en los órganos sexuales masculinos. La traducción más adecuada sería cojonazos, dado el alto grado de desidia que mostraba en todo. Tras su arresto, la información que guardaba debajo de su cama fue una fuente generosa de información para las Fuerzas de Seguridad del Estado.

La AN mostró una prisa extraordinaria en aplicar la normativa europea que prescribía el cómputo de las penas cumplidas en otros países miembros de la Unión, si bien la Comisión establece que deben tenerse en cuenta de acuerdo con el Derecho nacional, que no se computarán cuando las sentencias en el extranjero sean posteriores a los hechos que motivaron sus condenas en sus respectivos países y que todos los Estados que atribuyen valor a las sentencias extranjeras lo hacen cuando los resultados son perjudiciales para el reo.

La Sala Primera pudo esperar a la interpretación que iba a hacer el Supremo, esa figura simbólica de nuestro sistema judicial cuyas decisiones pueden ser objeto de casación por el Tribunal Constitucional, la real voluntad del presidente de la Generalidad y, al parecer, también por la Audiencia Nacional.

Y el Supremo falló ayer contra las excarcelaciones de los terroristas por cómputo de penas en el extranjero, cuando Potros y Plazaola llevan cinco semanas en libertad. Quiso la casualidad que ayer la Fiscalía de la AN pidiera 29 años de prisión para Bolinaga por el asesinato de un (otro) guardia civil en Mondragón, su pueblo y escenario del resto de sus crímenes. Este tipo fue excarcelado por decisión de la Audiencia, previo informe del juez Castro y el dictamen de los médicos de Bolinaga. Ambos apreciaron en él un estado terminal que la forense no veía hace dos años y tres meses. Un par de años o quince, qué más da; la vida es un suspiro y todos estamos en estado terminal.

¿Volverán a la cárcel Potros y Bolinaga? Está por ver, pero llegado el caso, uno quisiera que el cáncer se lo detectaran los oncólogos del Hospital Donostia y que si ha de topar con la Ley (no lo quiera el Señor) sea en la Sala de lo Penal de la AN. Espero suscitarles algo más de benevolencia que dos tipos como los citados.

¿A qué venían tantas prisas? Deberíamos replantearnos la misma existencia de la Audiencia Nacional, creada en 1977 para sustraer los casos de terrorismo a los jueces naturales por suponer que su extraterritorialidad blindaba a la Justicia y a los jueces ante las amenazas terroristas. Para esto, sería preferible cualquier juzgado de Primera Instancia.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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