Hacer un trío

Kepa Bengoetxea fue un barman muy notable de Bilbao que con su hermano Juan Mari regentaba uno de los grandes templos de copas de la villa. Tenía una particularidad, que la afluencia de parroquianos los sábados por la noche lo sacaba de quicio: «Todo el mundo quiere que le sirvas al minuto», se quejaba, «y esto necesita su tiempo». Cuando el parroquiano que recibía sus desahogos, uno mismo algunas noches, le decía: «Hombre, Kepa, piensa en el negocio», recibía una mirada rebosante de dignidad y desdén: «Este dinero no lo quiero yo en la caja».

Algo así viene a pasarle a Artur Mas con las deslocalizaciones de empresas multinacionales que quieren deshacerse de sus plantas en Cataluña. Mas era el más destacado hijo político del patriarca Jordi Pujol, en quien éste tenía puestas todas sus complacencias. Políticas, se entiende. Luego, váyase lo uno por lo otro, Mas nombró número dos a Oriol Pujol, secretario general de Convergència, que sí quería ese dinero –y cualquier otro– en caja. Y Oriol tenía entonces una esposa, Anna Vidal y un amigo que se llama Sergi Alsina. Los tres formaban un triángulo, pero casto, no piensen ustedes en una versión catalana de Jules et Jim.

La cosa funcionaba así: cuando alguna empresa multinacional empezaba a dar señales de querer cerrar su planta, que es lo mismo que querer abrirse de Cataluña, ellos, sus marcas y sus directivos, Alsina lo ponía en conocimiento de Pujol y Pujol en el de Mas, con el fin de buscar soluciones beneficiosas para todos, es decir, que los japoneses pudieran marcharse, pero habiendo encontrado compradores para sus empresas.

El primero de los casos se produce en el verano de 2010, y la información de que dispone Alsina es que Sony ha decidido cerrar en agosto. Recordarán que aquel verano el presidente nacionalista de la Generalidad era Montilla, pero Alsina proporciona la información a Mas, que era entonces jefe de la oposición y al diputado Pujol Ferrusola. Aquel fue el verano en que Montilla estuvo muy atareado encabezando manifestaciones contra el Tribunal Constitucional por su fallo sobre el Estatut de 2006, mientras los manifestantes de CiU y ERC lo abuchearon hasta sacarlo de la manifestación.

Alsina es un hombre perspicaz que sabe quién manda en Cataluña y, en consecuencia, era al mismo tiempo un amigo leal de Oriol Pujol. Siempre se ha dicho que quien tiene un amigo tiene un tesoro y este Pujol Ferrusola se lo ha tomado al pie de la letra. En las tres operaciones de deslocalización –Sony, Sharp y Yamaha–, encuentran a compradores que permitan marcharse a los japoneses y conserven los puestos de trabajo.

Para convencer a los empresarios, Oriol Pujol explica a Alsina que Mas está al corriente de las operaciones y busca un hueco en la agenda de Mas para que éste se reúna con los empresarios: «Lo organizas todo a través tuyo (sic) y verán también… ¡el poder!», frase que demuestra la veracidad de Valery: la sintaxis es un valor moral.

La diferencia básica es que Mas podría haber actuado para conservar los puestos de trabajo, mientras Pujol ese dinero sí lo quiere en caja y es su mujer, Anna Vidal, el agente recaudatorio. Sergi Alsina se encarga de aleccionarla, de explicar cómo tiene que elaborar las facturas, con qué conceptos y qué cantidades deben figurar en ellas, según las conversaciones grabadas entre ambos. Los informes eran irrelevantes y fácilmente obtenibles por internet. La juez considera que el asesoramiento es ficticio y los 500.000 euros pagados entre 2008 y 2012, eran en realidad para pagar la influencia política de Oriol Pujol, al que metió en el ajo. Y Mas, ¿qué opinará de todo esto?

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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