Un selfie moral

EiTB ha vuelto a asombrar a la parroquia con un selfie moral. Tras conocerse que el Ente, que tiene entre sus fines estratégicos la deslegitimación del terrorismo, había incluido entre los contertulios de su programa Debatea al etarra Zubimendi, sus responsables se han justificado: «Han sido sólo dos veces». Podrían haber añadido: «Y fue la puntita nada más». No está mal que ante el escándalo hayan decidido cancelar el programa, aunque el director de ETB acababa de proclamar que Debatea era una apuesta clave de ETB-1 para esta temporada. El programa de autos anunciaba así la inminente libertad de Bárcenas: «Mientras tanto, el ex preso de ETA Santiago Arrospide vuelve a entrar en la cárcel. ¿Es la Justicia igual para todos?»

Mikel Zubimendi adquirió justa fama el 24 de marzo de 1995, día en que, siendo parlamentario de HB, entró al Hemiciclo con una mochila de cal que vació en el escaño del consejero de Justicia, Ramón Jáuregui. Cuatro meses antes había provocado un incidente vistiendo una camiseta en la que insultaba a la Ertzaintza: Zipayos asesinos. Unos meses después se le vio enfrentarse a un agente de la Policía Autonómica en el exterior del Parlamento. Una foto de prensa le mostró agarrando a un cabo por la pechera y amenazando con darle un puñetazo, sin que el zarandeado hiciera un uso proporcional de la fuerza. Es decir, sacara su pistola reglamentaria de la funda, le apuntara a la entrepierna y le dirigiese un mensaje comprensible para él en tono amable: «Tienes tres segundos para soltarme, ponerte de rodillas y juntar las manos a tu espalda, que voy a esposarte». Era el comienzo de un diálogo que uno espera entre un agente de Policía y un delincuente flagrante.

En enero de 1996 se marchó a Francia para integrarse en la banda terrorista, al igual que otros parlamentarios batasunos: el año anterior, Pipe San Epifanio, y después, ‘Josu Ternera’, que fue el número uno de la banda antes, durante y después de su stage parlamentario, y Jon Salaberria, el último en pasar al lado oscuro de la fuerza. Tras el asesinato de Gregorio Ordóñez, calificó el hecho de «hundimiento del buque insignia del fascismo español».

El 30 de junio de aquel año publicó un artículo en el diario Egin en el que valoraba el secuestro de José María Aldaya, en poder de la banda desde casi dos meses antes: «Hay un sentimiento amplio entre un montón de gente de este país que, sin complicarse la vida, dice con una naturalidad total que pague y punto». Entre otras lindezas explicaba que no se puede prostituir la palabra tortura aplicándola a un secuestro, que nadie sale de las comisarías con síndrome de Estocolmo, como de los secuestros de ETA, que salen reconociendo que les han tratado bien. Por otra parte, añadió que a las empresas de los secuestrados les fue muy bien después del lance.

Ya lo dijo su primer director en 1984: «ETA, al margen de su valoración sobre las instituciones, considera a ETB como la televisión de este país». Eta, Etb, Etc. Un autorretrato moral. Y colectivo.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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